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Amparo Larrañaga

Publicado el 01 de Febrero de 2018

Amparo Larrañaga

Obra: El reencuentro

 Me parece maravilloso que Ramón Paso escriba para mujeres de nuestra edad. Sólo por eso ya lo amo

 Ha de ser difícil apellidarse Larrañaga y Merlo y que el veneno de la interpretación no te corra por las venas. Tanto es así que Amparo Larrañaga sólo tenía 15 años cuando se subió a las tablas por primera vez. Igual era difícil imaginar entonces que después vendrían interpretaciones tan brillantes como “Lázaro en el laberinto”, “Los ochenta son nuestros”, “Después de la lluvia” o los más recientes “Hermanas”, “Fuga” y “El nombre”. Apasionada del teatro, se ha convertido en una de las actrices con más presencia escénica de nuestro país.

Hace cinco años estrenaron en el Teatro Maravillas “Hermanas” y ahora llega “El reencuentro”… también para Amparo Larrañaga y María Pujalte. ¿Cómo lo están viviendo, qué recuerdos han rescatado estos días de aquellos otros?

Ya hicimos juntas “Periodistas”, pero es verdad que es como otro mundo, que no tiene nada que ver. Luego el encuentro en “Hermanas” nos gustó muchísimo y, aparte, se quedó ahí una amistad. Desde que terminó “Hermanas”, yo hice “El nombre” y ahora he tenido un año sabático, que necesitaba también para recolocar mis cosas porque llevaba muchos años seguidos trabajando sin parar, y este año me lo he pasado buscando funciones para las dos. Ha sido así, teníamos muchísimas ganas de volver a hacer algo juntas y al final reunimos tres o cuatro funciones y dijimos “vamos a hacer una lectura de todas, a ver qué nos parece”. Bueno, leímos esta la primera y decidimos no leer el resto. Con eso te lo digo todo. Nos gustó tanto la historia, cómo nos compenetramos ella y yo, en la propia lectura ya vimos ese acercamiento, somos muy compatibles, tanto en escena como fuera, que es muy importante en teatro. Y nos quedamos con esta historia que nos fascinó a las dos. Y ahí empezó todo, el reencuentro de dos hermanas que hemos sido amigas este tiempo, que ha sido lo maravilloso. Las ganas de trabajar con alguien y cuando se ve cumplida esa ilusión… la verdad es que estamos pasándolo pero como dos enanas. Es una función bastante peculiar y bonita.


“El reencuentro” no puede comenzar mejor. Con una hermana intentando clavar un tenedor a la otra.

Se entiende luego… Son dos personajes muy distintos. El mío es una neurótica obsesiva, violinista, a la que no le gusta la gente, que vive encerrada, que sólo sale a sus conciertos, que tiene una asistente alemana que le hace absolutamente todo, una absoluta inútil entre otras cosas porque es una mujer que no está bien, tiene un cierto trastorno que la ha aislado.


¿Y entonces?

Llevan veinte años sin verse… A lo largo de la función te das cuenta de qué está pasando, pero, claro, se producen unas situaciones… Una tía que llega de pronto, veinte años después a decirle “te necesito” a otra tía que lleva veinte años viviendo sola, sin pareja, sin absolutamente nadie, obsesivamente encerrada en su casa y con una obsesión por el orden absoluto. Se producen unas situaciones terribles. Y es muy bonita esa primera parte en la que vemos a las dos enzarzadas en una pelea física, pero luego empieza desde el principio para que podamos ver cómo han podido llegar hasta ahí, qué ha pasado. Es una constante situación detrás de otra donde el propio drama de las actrices, de los personajes, que como toda buena comedia los personajes no saben que están haciendo comedia, es lo que te lleva a… Bueno, en la lectura, la gente que la estaba oyendo se partía de risa y nosotras tampoco podíamos aguantarnos de lo divertida que es la función. Divertida y bonita, porque tiene ese fondo de familia con la que todo el mundo se identifica. No se puede contar mucho, que la gente lo vaya descubriendo… Son personajes en algunos momentos muy extremos, pero también muy humanos, que es lo bonito.


¿Qué nos asegura, de entrada, tener como autor del texto a un hombre por cuyas venas corre la sangre de Alfonso Paso y Jardiel Poncela?

¿Sabes qué pasa? Que yo a Ramón lo he visto en la cuna. Con su madre, Paloma Paso, con la que he trabajado también, hicimos juntas “Después de la lluvia”… Cuando era muy pequeño, yo tendría 15 o 16 años, me acuerdo que fui a verla a un espectáculo que hacía y estaba en la cuna del camerino (risas). Me da mucha ternura, también me gusta mucho que sea un autor español, porque estábamos tirando mucho de comedia francesa, y lo que me parece maravilloso de él, que es un tío muy joven, es que escriba para mujeres de nuestra edad. Yo solamente por eso ya lo amo. Pero, además, es que lo ha hecho tan bonito, entendiendo esos caracteres de esas mujeres ya con una cierta edad con todo lo que llevan encima… Me parece maravilloso. Yo lo quiero mucho, pero, le dije, sólo porque hayas escrito para mujeres de esta edad, para las que nadie quiere escribir, te amo… Y que nos entienda tan bien. Tiene un talento extraordinario, cómo insiste en la comedia, pero cómo entiende esa personalidad femenina de ciertas edades donde has fracasado en tantas cosas, donde has renunciado a tantas cosas también… Lo ha hecho fenomenalmente bien.


¿Y el trabajo de Gabriel?

¡Qué te voy a contar! Gabi es ya nuestro, yo lo digo siempre. Aparte, yo con Gabi me entiendo a las mil maravillas, es muy juguetón, no sufres nada con él, yo no creo en el sufrimiento, la creación ya es muy obsesiva, ya te produce muchos nervios, inseguridad, sufrimiento evidentemente, pero con Gabi no, Gabi juega, te entiende, se ríe, te apoya, mueve la comedia como nadie. Yo sabía que mi próxima comedia iba a ser con Gabi si él podía. Gabi va por ahí, pero si en un momento dado no te sientes segura te lleva por otro lado, no tiene esos egos de director. Gabi es otra cosa. Me gusta mucho, además, como dirige la comedia. Ten en cuenta que con nosotros, ya como empresa, ha hecho un montón de cosas, “Burundanga”, “El nombre”… Lo tenemos de director fetiche porque los actores, además, se sienten muy felices con él, hace muy feliz a los actores porque te deja jugar, te lleva por un lado, te divierte, es fácil trabajar con él a la vez que no te creas que te deja respirar, ¡que no te deja respirar! Es muy divertido y llega a buen puerto. Todas las cosas que hemos hecho con él han sido éxitos y con la gente que te da cosas hay que estar ahí. Estoy muy cómoda, muy feliz.


Menuda manera de empezar el año…

Sí, decíamos María y yo “qué buen empiece de año”. Dos personas que se llevan tan bien en el escenario, que nos entendemos. Para mí lo de “Hermanas” fue milagroso, porque éramos todas prácticamente mujeres y era maravilloso. La función no duró nunca ni cinco minutos más, lo pasábamos bien, no hubo una sola tensión, el respeto por el trabajo de la otra era siempre impecable y eso se te queda ahí. Fíjate, entonces se acababa de morir mi padre. Dijimos de hacer “Hermanas” cuando parecía que mi padre iba a salir adelante y justo al empezar la función… Y yo decía “Cómo voy a hacer esto tan terrible” y, sin embargo, lo recuerdo como una de las experiencias más hermosas de mi vida profesional. Y eso gracias a lo que pasó ahí.


En dos de sus últimos trabajos, “Hermanas” y “El nombre”, la familia era el explosivo principal de una auténtica bomba de relojería. ¿De verdad da para tanto? ¿De verdad hay tanta inquina y mala leche en las familias?

Yo creo que más de lo que creemos (risas). La gente disimula mucho porque la familia es como muy tabú, pero es verdad que todo el mundo tiene una y si hay algo que sabemos es que todo el mundo de alguna manera tiene una familia con la que se lleva muy bien, con la que se lleva normal… y en la que hay vivencias dramáticas. Yo creo que el punto de identificación en los temas familiares funciona increíblemente. Me acuerdo que en “Hermanas” decían “mira, nosotras somos tres hermanas, ¿ves? Yo soy tu personaje, ella es el de tal…” (risas). Es normal, todo el mundo tiene una familia, de eso no te libras y está bien. Y en este caso son dos hijas con una madre aterradora, que no sale en la función, pero de la que hablan todo el tiempo, ha marcado su existencia absolutamente y a cada una de una manera distinta.


Es verdad que las reuniones familiares dan para mucho, para comedias y para auténticos dramas. ¿Cómo es una reunión de familia en casa de la familia Larrañaga?

¿Sabes qué pasa? Que los Larrañaga nos reunimos poco (risas). Nos vemos a diario, es decir, no hay reuniones familiares normales como hace la gente cuando no se ve tanto. Nosotros trabajamos juntos, yo tengo una relación espléndida con mi madre, con mis hermanos, nos vemos constantemente, trabajamos juntos constantemente. Entonces, las reuniones son mucho más normales. Lo que tenemos es que nos llevamos muy bien, somos una familia muy piña. Esto de clavarse los tenedores no ha pasado nunca. Además, te digo, ¿si no cómo íbamos a trabajar juntos? (risas). Yo voy  a cumplir 55 años, llevo desde los 24 que no trabajo nada más que con mi familia. Imagínate si no hay un entendimiento absoluto, cómo vas a poder trabajar tantísimos años y feliz. Además hasta un punto que ya no es el hecho de trabajar sino de hacerlo juntos, la ilusión ya trasciende, es hacerlo juntos, crearlo juntos, vivir tensiones juntos, los éxitos juntos, las ilusiones, los momentos de la vida, el teatro, ahí estamos todos. Es muy especial. Vivimos en la misma ciudad, nos vemos mucho. Yo ahora he entendido un poco más esto de las familias porque tengo un hijo que está estudiando en Inglaterra y ahora con la vuelta de mi hijo entiendes más, por ejemplo, las Navidades, porque hay alguien al que llevas tres meses sin ver y ahora vuelve por Navidad, eso del anuncio (risas). Pero para nosotros es todo muy normal, nos vemos a diario, hablamos a diario, las reuniones son muy normales. Hay mucho entendimiento.


¿Qué hace de “El reencuentro” una propuesta irresistible?

Yo creo que es diferente, hablamos de familia, pero es diferente. A mí me gusta mucho ese punto en el que de pronto dices cuántas funciones ves tú que no sean clásicos en las que dos tías de una edad estén ahí juntas haciendo esta sesión de crossfit, de peleas, de amores, de comedia, de ternura… Si yo tuviera que ver una función, yo quiero ver esta. Vernos a las dos, pegamos mucho, todo, es un poco distinta a las funciones que habitualmente vemos. Hay muchos ingredientes. Y, sobre todo, lo que hay es un divertimento muy grande. ¡Y para hacerla no te digo!

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