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Ángel Ruiz

Publicado el 01 de Octubre de 2016

Ángel Ruiz

Obra: Miguel de Molina al desnudo

 Miguel de Molina es uno de esos artistas que perdió este país y es muy triste, porque es un referente artístico

 Cuentan que durante los años 30 Miguel de Molina se paseaba con una camisa de lunares anudada a la cintura, un pantalón ajustado, botines y un clavel en la oreja. Así se pasea también hoy sobre las tablas un Ángel Ruiz que, a pesar de tener apenas 18 años cuando Miguel murió, se confiesa tocado y conmovido por su historia. De ahí nace este tributo con el que el polifacético actor y cantante, también malagueño, más que descubrirnos al artista, nos invita a pasar un rato con él, con el verdadero, que cada noche revive...

Cuando muere Miguel de Molina, en el 93 si no me equivoco, Ángel Ruiz prácticamente rondaría la mayoría de edad. ¿Qué le une a este artista?

Sí (risas). Me une que soy malagueño, que soy republicano. Lo que más me une es su historia. Cuando la leí por primera vez, aunque conocía algo, porque es una historia muy desconocida. Pero me llegó tan al corazón, me dolió tanto que alguien que sufrió las consecuencias del franquismo y muchas otras cosas, no solamente en España, sino también fuera, no se conociera nada de su vida, sobre todo porque fue un artista, a mi juicio, muy moderno, muy adelantado a su tiempo y con un concepto de las artes escénicas maravilloso. Es para mí uno de esos artistas que en este caso por el exilio perdió este país y eso es muy triste, porque creo que es un referente artístico independientemente de que su historia personal sea también una historia digna de ser contada.


¿Qué ha descubierto de su figura preparando este espectáculo que no sabía y qué van a descubrir de él los que vayan a verlo?

La gente va a descubrir a un Miguel de Molina muy desconocido. La gente conoce sus canciones, quizás alguna película que hizo en Argentina, algún corto que todavía sigue en la filmoteca, de los pocos que quedan de él porque muchos se quemaron… pero va a descubrir que era un artista polifacético, con un temperamento muy fuerte pero con una inteligencia también exquisita y que no es el típico folclórico, lo que la gente considera folclórico. Miguel de Molina era alguien muy inteligente y además muy preocupado por madurar culturalmente. Y yo creo que eso lo define y lo diferencia del arquetipo que tiene la gente de un artista de este tipo, que siempre se ha dedicado al folclore. No tiene nada que ver con eso. Miguel era un tipo que pintaba, que escribía, que leía, que se codeaba con lo más florido de la cultura sobre todo en Argentina, porque aquí no le dio tiempo. Era un tipo muy inteligente y con un concepto de la belleza muy peculiar porque él cuidaba hasta el más mínimo detalle de cualquier puesta en escena de cualquier espectáculo que él hacía.


Dicho todo esto, ¿qué nutre “Miguel de Molina al desnudo”, qué vamos a ver y qué vamos a escuchar?

La gente se va a encontrar con el propio Miguel de Molina. El espectáculo está concebido de tal manera que yo siempre la sensación que yo quise desde la escritura, lo que yo quise plasmar era hacer sentir a la gente que Miguel de Molina ha venido aquí, a la actualidad, al presente para hablarnos de su historia. De tal manera que la gente empatizara con él y tuviera la sensación de que está vivo para darle esa frescura y también esa actualidad que necesita el asunto. Porque cuando hablamos de un monólogo o un biopic, como es este caso, siempre nos da la sensación de que nos van a contar la biografía de un señor desde un monólogo, pero nada más lejos de eso, el espectáculo se convierte en un diálogo muy ameno, la sensación es que la gente está asistiendo a una rueda de prensa, a una entrevista, a un encuentro donde este señor con todo el gracejo que tanto le caracterizaba y amenizado con las canciones que todos conocen hace que la gente vaya entrando en su historia y que lo considere un amigo. Con eso se va a encontrar el público. Sorprende desde la sencillez, porque es muy sencillo, pero conecta muy bien con la gente y la gente se va con la sensación de que han vivido algo especial.


Las canciones de Miguel de Molina están pensadas no sólo para grandes voces sino también para grandes intérpretes. ¿Es eso lo más complicado de meterse en la piel de Miguel de Molina?

El espectáculo tendrá ocho canciones de las que él interpretaba. No están todas las canciones de Miguel de Molina, porque no se trataba de hacer una antología de la copla ni de su discografía, sino que las canciones están a caballo y a merced de la narración. No todas las canciones se cantan enteras, de algunas se hacen un apunte, pero sí que la música es esencial porque es tan importante como que es el carro emocional por el que va transitando el propio Miguel de Molina y que hace que la gente también se emocione. La música tiene esa facultad y a mí me ha servido como el gran vehículo para conectar emocionalmente con la gente. A mí la música me parece que en este caso es su vida, él habla todo el rato de que la música es su vida y de que ha vivido por y para la música y este tipo de género es un género para ser interpretado más que para ser cantado. Él no era un gran cantante, tampoco era un gran bailarín, pero era un poco lo que muchos han dicho de Lola Flores: “No canta, no baila, pero no se la pierdan”. Hay algo que está por encima de todo eso y es la personalidad arrolladora de Miguel que mucha gente desconoce. Y eso es una de las cosas que más dolor me hacen padecer porque además era lo que más le dolía también a él. Por eso no quiso volver a España, porque cuando vino en el 57 se dio cuenta de que la gente no lo conocía. Eso le pareció tan doloroso que decidió quedarse en Argentina porque sí le conocían y sí le querían.


Yo, por ejemplo, recuerdo a mis abuelos, a mi padre, tararear “La bien paga” u “Ojos verdes”. ¿Qué recuerdo especial tiene usted de él?

A mí me pilló muy pequeño, pero sí que recuerdo algo con mi madre. En Málaga, curiosamente, se le tiene mucho cariño. No sé si es porque es malagueño, pero aunque la gente desconozca mucho su historia, hay una cosa afectiva de hijo predilecto de la ciudad. Recuerdo que en Málaga hay una figura muy conocida que es el cenachero, que es una estatua de un señor que lleva boquerones en dos talegas con sombrero cordobés y mi madre siempre que pasábamos por allí decía: ‘mira, es como Miguel de Molina’. Yo no sabía quién era Miguel de Molina, lógicamente, para mí era un señor que vendía pescado (risas).


Y cuando termine este espectáculo, ¿qué cree que dentro de veinte años recordará de él? ¿Qué está siendo lo más bonito de este viaje?

De las cosas más bonitas que siempre recordaré es la reacción de mucha gente al ver el espectáculo. A mí me ha venido un señor de casi 90 años con unas fotos de Miguel de Molina con él cuando era joven diciéndome que él lo conoció, que fueron amigos y, con lágrimas en los ojos, viendo el espectáculo le había visto revivir a Miguel de Molina. Eso es lo más bonito que me han podido decir nunca y lo recordaré siempre.


Ángel Ruiz siempre ha querido ser actor, dedicarse a la interpretación o había plan B?

(Risas). Nunca he tenido un plan B. El otro día recordaba, porque estoy también con “La venganza de don Mendo”, vino a verme Esperanza Roy y me hizo recordar que yo la primera vez que vi a Esperanza tenía once años y estaba en el Teatro Romano de Málaga viendo una función que ella hizo, una versión de “La asamblea de las mujeres”, ella estaba maravillosa y a mí me mató y recuerdo que tenía once años y yo ya tenía clarísimo desde que lo vi que esta era mi pasión. Siempre lo he tenido muy claro, otra cosa es que haya podido vivir de ello y hoy me esté dedicando a ello. Porque mucha gente que es actor o actriz no puede vivir de ello, entonces ahí tienes que hacer plan B, plan C y plan Z, pero en mi caso, soy un tipo privilegiado. Vivo de ello desde hace mucho tiempo y toco madera para seguir haciéndolo así.


Decía Chaplin que esta vida es tan corta que sólo tenemos tiempo de ser aficionados. Pero si no me equivoco aparte de Arte Dramático, ha sido diseñador de vestuario, ha hecho cabaret, cine, tv, teatro, canta… ¿A unos les cunde la vida más que a otros? ¿El teatro siempre es especial o en su caso no? ¿Por qué hace teatro Ángel Ruiz?

Es muy especial, el teatro es la comunicación directa con el público, es donde el actor recibe más directamente lo que está haciendo y donde encuentras ese momento casi sagrado, que es la catarsis. En el cine, en la televisión es diferente, el medio es diferente, también lo disfruto, pero el goce que da el teatro es impagable.


¿Algún otro proyecto?

De momento vamos con esto (risas).

 

 

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