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Entrevista a Imanol Arias por Muerte de un viajante

Publicado el 01 de Septiembre de 2021

Entrevista a Imanol Arias por Muerte de un viajante

Obra: Muerte de un viajante - Teatro Infanta Isabel

“Willy Loman es uno de los personajes con los que uno sueña poder encontrarse cuando se tiene la edad y las ganas y el amor y el respeto por el teatro” 

La necesidad de triunfar y ser aceptado por los demás, la crueldad del capitalismo, la frustración por los sueños no cumplidos, la incapacidad de padres e hijos para expresarse su amor o las complejas relaciones de pareja. Son los ejes sobre los que pivota esta obra maestra de la dramaturgia contemporánea, una demoledora reflexión sobre el ser humano que, como buen clásico, resulta tan actual hoy como cuando el genio Arthur Miller la escribió a mediados del siglo pasado. Dirigido por Rubén Szuchmacher sobre la adaptación de Natalio Grueso y rodeado de un elenco formado por su hijo Jon Arias, Jorge Basanta, Fran Calvo, Cristina de Inza, Virginia Flores y Carlos Serrano-Clark, el gran Imanol Arias asume la compleja responsabilidad de dar vida a Willy Loman, el eje central de la pieza, afrontando así uno de los mayores retos de su carrera profesional en el culmen de la misma. Por ANA VILLA

¿Qué alicientes le convencieron para embarcarse en este proyecto?

La obra, que después de 60 años de haber sido escrita, nos sigue emocionando, iluminando y despertando el interés de la crítica, de los profesionales del teatro e, incluso, el de muchos jóvenes pertenecientes a generaciones a quienes el mundo que retrata Miller empieza a quedarles algo lejos, al menos en apariencia. Acometer esta obra en el circuito comercial es un honor y tener trabajo en estos momentos es un gusto. Y también lo es poder estar bajo la batuta del maestro Rubén Szuchmacher venido de Buenos Aires con el que ya trabajé en 1994 haciendo “Calígula” durante un año de éxito, ¡es un maestro!


¿Cómo es Willy Loman, la pieza central de esta obra, y qué rasgos definen su personalidad?

Willy es una de esas figuras teatrales que roza el antihéroe, el hombre frágil y de mentira que tiene una imagen externa, el hombre que es un símbolo del fracaso que es y un fracasado, pero ha fracasado en el intento de encontrar una forma de ver el mundo a través de su concepción. Para él, no es importante lo que dices sino cómo lo dices. La presencia es lo que importa.


¿Cuáles son sus circunstancias vitales?
Él es un viajante. Viene de una familia de aventureros que se fue de Alaska en un momento de su vida, con 19 años. El pobre Willy, en vez de seguir sus instintos de libertad y sus recuerdos de niñez con su padre por la carretera recorriendo caminos, se enamora de la imagen de un viajante de 84 años, porque cuando murió, vivió la muerte de un viajante en un vagón de fumadores y cientos de clientes fueron a su funeral. Y eso le parte el alma. Willy queda tocado por esa sensación curiosa y extraña del fracaso. Está constante-mente soñando con la libertad y destroza la educación de sus hijos…

¿En qué basa esa educación?

Los engaña, los obliga a ser salvajes, a ser disciplinados… son la imagen de su propio fracaso.


¿En qué momento sitúa Miller el transcurso de la obra?

La obra transcurre en las últimas 24 horas –una noche y el día siguiente– de la vida de Willy Loman, que regresa destrozado de un viaje imposible que no llegó a culminar, de una sensación de querer marcharse. El relato de la obra hace que Willy llegue a pensar que, después de tantas carreteras, años de trabajo, horas en coche, kilómetros, uno empieza a ser más valioso muerto que vivo. Y entonces apela al cumplimiento de la paga de su pensión continua durante años para quitarse de enmedio y que sus hijos –unos fracasados a través de su dirección– puedan tener una vida mejor, una vida como la de su vecino Charley, el hombre que habla poco y parece tonto y nunca se mete en nada, pero el hombre que hizo que su hijo Bernard, el torpe, llegara a ser un abogado de prestigio. Esa es la lucha de Willy Loman, la lucha de su vida y lo que deja detrás: intentar romper el trazo familiar. Eso es lo que le da a la obra un dramatismo y una veracidad increíble.


¿Por qué resulta tan impactante esta pieza, aún a día de hoy?

Por lo que cuenta y por cómo lo cuenta. A pesar de estar escrita en 1948, es una obra con un poderío y una modernidad que juega con el tiempo y el espacio, donde hay escenas presentes y otras imaginadas dentro de las escenas presentes, etc. Es un juego con el tiempo y con la verdad y la mentira, que hace que Willy Loman sea uno de los personajes con los que uno sueña poder encontrarse cuando se tiene la edad y las ganas y el amor y el respeto por el teatro.


¿Qué le ha generado la preparación de este personaje?

Es uno de esos personajes que, cuando te topas con él, te revuelve, no te deja dormir, construirlo es endemoniado, lo amas desde el principio pero no se deja, es complejo, una partitura musical llena de tiempos y contradicciones, un hombre que no sabes nunca si está crudo o cocido, una especie de rayo que te parte el alma. ¡Y en eso estamos! A punto de sacar del horno este pan de germen de trigo, del mejor trigo antiguo, pero modernizado por una cocción y una panificación maravillosa (risas).


Usted va a compartir tablas con su hijo Jon. ¿Cómo valora, hasta el momento, la experiencia de trabajar a su lado?

Es una circunstancia muy especial y novedosa. Compartir trabajo con tu hijo es un fenómeno muy normal en otras profesiones, pero no tanto en la nuestra. Cuando mi hijo nació yo ya era actor y no podía imaginar que él también lo sería. Es la primera vez que se da que Willy Loman y Biff Loman sean padre e hijo reales en la vida y eso puede aportar una serie de matices, hacer que la experiencia tenga algo de poso, ¡hasta ahora está siendo muy interesante! Es una forma de recrear los sentimientos en una obra que se basa, fundamentalmente, en la educación de los hijos en momentos de crisis, en el fracaso y en la pérdida.


Usted es uno de los actores más populares de este país. ¿Qué le aporta seguir desarrollando parte de su carrera en este medio, con los sacrificios que conlleva?
Lo que aporta trabajar en el teatro es el propio desarrollo del oficio, que es la base de todo. Actuar, componer e ir diariamente a una cita que tienes con recrear la pieza, con tomar la partitura y recorrer esa experiencia diariamente. A mí me aporta la sensación de que soy artista, que es por lo que estoy aquí, toda mi vida, en este oficio. ¡Lo que me gusta es actuar! Todo lo demás está fuera. Lo importante en este oficio está fuera del éxito, está en lo que uno desarrolla y vive. Los elementos coyunturales como la popularidad pueden hacer que haya más o menos interés por tu trabajo, pero fundamentalmente uno no viene aquí a ser popular.

Aparte de “Muerte de un viajante”, ¿en qué otros espacios podremos seguir viéndole?

Sigo rodando un año más de “Cuéntame” hasta marzo mientras lo compagino con el teatro. ¡Esa sensación de ser actor la voy a tener todos los días de la semana!

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