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Entrevista a Juan Echanove por Pan y toros

Publicado el 30 de Septiembre de 2022

Entrevista a Juan Echanove por Pan y toros

Obra: Pan y toros

 Me parece fascinante dirigir, me parece fascinante el teatro y esta llegada a la lírica... Estoy viviendo una enorme historia de amor

Ha hecho de Lorca, de Franco, de aprendiz de verdugo... Televisión, cine y teatro, las últimas “Ser o no ser”, “La fiesta del chivo”, “Rojo”, “Sueños” y “Los hermanos Karamázov”. Le han dado más de una treintena de premios, un Max, dos Goya, la Concha de Plata al mejor actor y hasta Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes. Actúa, canta, presenta, dirige. Lo que nunca había hecho había sido embarcarse en una zarzuela. Hasta hoy. Y lo hace como siempre, entregado en cuerpo y alma, casi febril, a este oficio que le ha dado y al que ha dado tanto. 

Asombra decir ‘Echanove debuta’, pero es su primera vez con la zarzuela...

Yo tengo la sensación de que cada proyecto es un debut, pero esta experiencia no va a ser puntual. He descubierto en el mundo de la lírica una manera de expresarme y de crear que no conseguía en otros medios. Me tiene absolutamente fascinado. Debutar para mí, haciendo un paralelismo con el símil taurino, es salir a la plaza ‘desmonterado’, con una enorme humildad, con unas ganas enormes de aprender y queriendo hacer lo que he querido hacer siempre, conmover al espectador y que se sienta a gusto con mi trabajo. Creo que va a salir bien y este debut para mí será algo inolvidable, de la misma manera que está siendo inolvidable el proceso de ensayos.


 

¿Qué recuerdos de zarzuela atesora?

Mi primera experiencia de hacer teatro en el colegio fue participar en una zarzuela, “La rosa del azafrán”. Yo era un niño que salía con su madre y tenía que tirarle de la saya y decirle “Ámonos, madre” (risas). Fue fascinante porque es la primera vez que me pongo delante del público y tengo que superar el miedo y todo eso. A partir de ese debut, tenía 7, 8 años, empecé a tener una fijación por la zarzuela cada vez que se televisaba algún título y me fui aficionando. De ahí pasé a escuchar discos y grabaciones que había en mi casa y luego ya descubrí grandes montajes y a grandes directores poner en escena estos grandes títulos. Siempre tenía una cierta envidia de ver cómo compañeros míos accedían al Teatro de la Zarzuela y yo decía “Esto debe ser fascinante” y efectivamente lo es.


 

¿Cómo le llega este proyecto?

Me llega a través de Daniel Bianco, una persona muy importante en mi vida escénica. 

Yo me formé con el Centro Dramático Nacional en la etapa en la que Lluís Pasqual lo dirigía y Daniel Bianco era una pieza clave del organigrama técnico. No solamente Lluís Pasqual, gente como Gerardo Vera, como José Luis Tamayo, Piru Navarro… y ahí estaba Daniel Bianco.

Un día me llamó y me dijo ‘Juanito, tienes que debutar en la lírica y quiero que lo hagas en el teatro, quiero que lo hagas conmigo’ y voy de su mano. 


 

Y llega “Pan y toros”...

Es una pieza emblemática de Barbieri. Una pieza romántica de un gran desarrollo musical que cuenta un periodo de la historia de nuestra España con conjuras, conspiraciones y espionajes entre dos bandos muy diferenciados y enfrentados, con una monarquía absoluta enormemente laxa y falta de carácter para acercarse a la población...


 

Un libreto de José Picón...

Me caigo directamente en el libro de Picón y veo que me está contando una historia de espías. Muy bien trenzada, muy desarrollada, en algunos momentos incluso algo reiterativa. Me mantengo absolutamente fiel a su dramaturgia, a su desarrollo de narración, no altero nada, pero he procurado que el espacio narrativo que tienen que tomar los cantantes como actores y algunos actores como cantantes tuviera en el texto una guía, una brújula precisa para caminar en ese desarrollo romántico de Barbieri. Todo dentro de un enorme respeto a la forma incluso de escribir de José Picón.


 

Nos hemos ido a 1792, pero...

Somos una sociedad enormemente cíclica que no puede escapar de esa especie de noria imaginaria en la que todos damos vueltas, porque repetimos exactamente las mismas cosas. Monarquías absolutas, monarquías que defraudan, bandos que se espían, que se atacan, dos Españas enfrentadas, imposibles de reconciliar... Parámetros que hoy en día resultan enormemente de actualidad.


 

¿Cómo es “Pan y toros” de Echanove?

He puesto el acento sobre todo en el gran romanticismo que acerca a Barbieri a Beethoven, que acerca la caída de la monarquía absoluta francesa con el peligro de la caída de la monarquía absoluta española, la revolución francesa, el carácter revolucionario, el carácter de la gente que está dispuesta a dar su vida por la patria... El acento está puesto ahí, en ese carácter social, revolucionario, romántico que dota la obra de Barbieri.


 

¿Cómo es el Juan Echanove director?

Yo creo que para hacer una buena producción hay que saber delegar, escuchar y mantener la humildad del que poco sabe, pero que está dispuesto a darlo todo. Así soy como director. Me parece fascinante dirigir, me parece fascinante el teatro, me lo sigue pareciendo, y esta llegada a la lírica, esta llegada de la lírica a mí también, está consiguiendo cosas de mí que yo ni sospechaba que existían. Estoy viviendo una enorme historia de amor.


 

Recuerdo que cuando ensayaban “Sueños” nos contaron que Gerardo Vera y usted se llamaban de madrugada para hablar del montaje. ¿Juan Echanove sigue tan febril con el trabajo o ha aprendido a dejarlo en la sala de ensayo?

Yo sigo siendo tan febril como entonces, yo me acuesto con un tema musical en la cabeza, que es el último que he ensayado ayer, y me levanto con ese mismo tema, me pongo a estudiar, a sentir, a imaginar a mis cantantes, a mis actores para intentar darles lo mejor en el ensayo del día siguiente. La única diferencia es que ya no tengo a Gerardo para llamarle a las tres de la mañana, para llamarle por vía teléfono móvil o por whatsapp, porque las personas a veces cuando fallecen a mí no me dejan un vacío enorme cuando se van, a mí me dejan una necesidad de comunicarme con ellos en la que se produce seguramente a través de los recuerdos y seguramente a través de las experiencias vividas, que son muy fuertes, evidentemente se produce una comunicación.

Cuando trazo una diagonal en el escenario siempre me acuerdo de Gerardo Vera, cuando pido algo siempre me acuerdo de Gerardo Vera, incluso, esto es la historia de directores y actores, no todo es un camino de rosas y entonces cosas que yo veía y que yo no estaba de acuerdo con él las intento aplicar de otra manera en mi trabajo, pero siempre con una especie de sensación de decir ‘Gerardo, yo creo que esto está bien porque sigo este camino’ y noto que Gerardo me dice ‘Tira, tira, sobrino, tira por aquí, tira por allá’.

No está Gerardo, pero tengo a Lluís Pasqual

 


 

Hay una voluntad por parte del Teatro de la Zarzuela de atraer a nuevos públicos sin perder al fiel... 

Por supuesto, hay que atraer a nuevos públicos a todas las áreas que hacemos de las artes escénicas, hay que atender a esa oleada de espectadores que demandan de todo, que demandan todo tipo de formatos.

La fidelidad está en uno, la fidelidad es la entrega, la fidelidad es el amor al teatro y por tanto la zarzuela tiene que mostrarse en su grandeza, tiene que definir su espacio autoctono y tiene que utilizar todo lo que técnicamente hemos avanzado en el mundo de la puesta en escena, tenemos todos los mecanismos al alcance y cuando trabajamos en esta grandísima institución una de las cosas más fascinantes que tiene para poder hacer este trabajo de atraer al público es entender cómo es la institución, que ese es el trabajo paralelo al montaje.

Tú estás otorgando a la zarzuela toda tu energía, toda tu fuerza para componer un título, pero a la vez la zarzuela, el teatro como institución, te está mostrando todas sus tripas y la labor más interesante que se produce en este intercambio es el poder aprender cómo fuciona esta enorme institución, porque dirigir un título dentro de esta enorme institución es dirigir un transatlántico enorme, enorme que tiene un destino muy claro y que no permite grandes movimientos desestabilizadores, hay que tener muchísimo cuidado porque el barco se mueve, a veces se mueve lentamente, pero se mueve con una potencia, con una solidez que tiene que ir en consonancia con el trabajo que estás haciendo. 

 


 

No sé si hay tiempo, pero ¿en qué más anda Juan Echanove? Otros proyectos que puedan contarse... 

Juan Echanove por de pronto tiene que debutar en la Zarzuela, que eso en este momento es mi máximo anhelo. A la vez tengo que incorporarme a los dos días de estrenar a la gira de “Ser o no ser”, que la comenzamos ahora en octubre y estaremos todo el 2022 y el 2023 girando con ella y a la vez también iniciaré la grabación también de una serie para la plataforma Amazon Play Video, que se llama “Memento Mori”, que es una serie dentro del género de serie negra, policial, criminal, un género que me fascina absolutamente y que en este caso es un trabajo basado en la novela de César Pérez Gellida. Pero como te decía mi máximo anhelo en este momento es debutar y continuar con esta enorme historia de amor que ha surgido entre la lírica y yo.

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