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Entrevista a Natalia, Goizalde y Angela por Mi niña, niña mia

Publicado el 01 de Marzo de 2019

Entrevista a Natalia, Goizalde y Angela por Mi niña, niña mia

Obra: Mi niña, niña mia

 “El teatro puede dar esperanza, luz, crearte un poso de compromiso, de toma de conciencia”, Natalia

“Esta obra es un canto al amor, a la luz, a la esperanza y a los pequeños gestos que salvan vidas”, Goizalde

“Hablamos de la memoria de Europa, del mundo, de la falta de memoria”, Ángela

 Dos mujeres, dos tiempos, dos historias unidas por la sangre. Una actriz judía que hace teatro con los niños en el campo de concentración y una entomóloga que estudia las luciérnagas y que descubre que es una superviviente del Holocausto. Las dramaturgas Amaranta Osorio e Itziar Pascual se sacuden con este texto “la impotencia que sentíamos al ver lo que sucedía en el mundo”. Nos lo cuentan la directora y las actrices protagonistas de una obra que pone el teatro como foco de esperanza: Natalia Menéndez, Ángela Cremonte y Goizalde Núñez. Por V. R.
 

Háblennos de “Mi niña, niña mía”.

NATALIA: Es una obra que refleja a la par la belleza y la dureza, donde se nos ofrecen dos mujeres, una histórica, que está libremente inspirada en Nava Schaan, que fue una actriz judía (1919-2001) muy famosa en Praga antes de la guerra y que fue deportada en 1942 al campo de concentración de Terezin, donde ella salvó la vida a niños y jóvenes a través del teatro. Ella sobrevivió al Holocausto. Y durante la función se va a encontrar con la mujer actual.

La mujer actual es una treinteañera que reside en París, es entomóloga, una profesión que he descubierto con esta función y me parece interesantísima. Es una chica que está en ese proceso de descubrimiento, de no saber muy bien quién es, falta de identidad, y a la muerte de su madre descubre que ella es judía, descubre que su abuela no era su abuela y se va a ver a esta mujer histórica a Praga y descubre que es su tía bisabuela.

Es una historia que a mí me interesa mucho porque por un lado refleja la historia en sí y sobre todo de una mujer, de las que se habla bastante menos, y que salvó la vida a niños y a jóvenes, que no sólo les salvó, sino que a lo largo de su vida siguió sus pasos y siguió en la lucha, en el combate, una mujer que pese a su edad, era ya muy mayor, pero seguía siendo una mujer comprometida. Las autoras hacen una comparativa sobre hoy, los campos de exterminio con la Europa de los refugiados.

GOIZALDE: "Mi niña, niña mía" es un canto al amor, a la luz, a la esperanza, a los pequeños gestos que salvan vidas y que son motor para resistir. La función no es que sea dura, porque la visión que le queremos dar es luminosa, pero es un viaje hacia el horror, hacia un campo de exterminio... Mi personaje particularmente viaja hacia el horror sin saber muy bien a dónde va, pero la función, sobre todo, quiere dar una visión luminosa y poner el acento en la actitud... Creo que la actitud en la vida es importante para tirar para adelante y para no desesperar.

ÁNGELA: Para mí habla de la memoria de Europa, del mundo, de la falta de memoria y de lo que eso implica. A nivel macro, en el siglo pasado el Holocausto y no hemos aprendido mucho porque siguen llegando trenes de refugiados en las peores condiciones imaginables, y a nivel personal, lo que implica la falta de memoria en la historia familiar de uno.

De repente, “Mi niña, niña mía” cuenta la historia de dos mujeres, una que sí tiene memoria porque ha vivido la pérdida y el Holocausto nazi ella misma y luego la nieta de su hermana, que no sabe quién es porque no sabe lo que le ha pasado a su familia y cuando lo descubre hace todo un viaje que más allá de su persona o más allá de las personas, que somos mucho más anecdóticos y no somos tan importantes…

No sólo afecta a nivel mundial sino que afecta a nivel personal, te cambia, cambia la historia de uno, es una mujer que cambia de profesión cuando se entera realmente de quién es. Vive absolutamente encerrada en un mundo de ciencia y de estudio y de lo práctico, encerrada en un mundo muy pequeño y cuando una expande esas barreras y se reconoce y sabe quién es puede también poner un granito de arena y ayudar, porque es imposible cuando uno toma conciencia de lo que está pasando no hacer nada. Es imposible, yo creo  que hay mucha bondad en el ser humano y creo que cuando tomamos conciencia es muy difícil no hacer nada, aunque sea poco. 


¿Cómo es el mundo que se refleja en los ojos de estas mujeres?

NATALIA: Por un lado está la realidad que hay que combatir, contra la que hay que luchar, la que hay que modificar y transformar. La histórica es una mujer que se encuentra con una realidad no deseada y a raíz de ese momento empieza su compromiso. La actual es una mujer que no ve lo que sucede fuera hasta que de pronto se le revela la vida, su historia y ahí se empieza a comprometer.


Goizalde, Ángela, cuéntennos algo más de sus personajes.

GOIZALDE: Mi personaje está inspirado en una actriz checa, Nava Schaan, que en julio de 1942 fue deportada al campo de concentración de Terezin. La función no es exhaustiva, es sólo una inspiración. Allí dirigió espectáculos para niños y hay alguna carta que recibió años más tarde de lo que había significado para uno de aquellos niños el trabajo que hizo con ellos. Decía que en difíciles circunstancias habían creado momentos mágicos y que les ayudó a sobrevivir dentro del horror.

ÁNGELA: Es una chavala de treinta y tantos. Digo chavala porque primero ahora tener treinta y tantos no significa que seas una persona adulta, porque puedes no haber madurado en muchos aspectos y porque vive de una manera poco adulta, no termina de asumir determinadas responsabilidades.

Es entomóloga, estudia los insectos, es muy buena en lo que estudia, pero como muchos jóvenes o pseudo jóvenes tiene un trabajo en la universidad, donde echa muchas horas, muy precario, donde no es reconocida en absoluto y, además, su vida emocional es absolutamente inexistente, ella se refugia en sus estudios, en sus insectos y toda su emocionalidad y su vida personal es con pequeños animales dentro de casa, habla poco con humanos, está muy desacostumbrada a la vida social, no se cuida, no se quiere, no se investiga a ella misma, investiga a los bichitos y está totalmente fuera del mundo.

Ella sabe mucho de entomología y de las luciérnagas, pero no tiene ni idea de lo que pasa en el mundo. Bueno, no tiene ni idea de lo que pasa en su edificio o en su barrio, ni lo que le puede pasar a su madre ni a su familia. Pero en el mundo tampoco, no tiene ni idea de los conflictos internacionales ni del sufrimiento humano más allá.


Si les pido una frase del texto...

NATALIA: Una frase de Simone Veil que dice “la maldad es ilimitada pero no infinita”.

GOIZALDE: Tengo un par de ellas. ¿Puedo decir dos? "Pequeñas luces intermitentes brillan desde la nada, parecen luciérnagas, luciérnagas para resistir". Es bonita, parece que dentro del horror y la oscuridad, en la desesperación más absoluta siempre atravesando el horror siempre hay alguna pequeña luz que te puede ayudar a salvarte.

Y luego la otra es una frase que es de Simone Veil que dice “la maldad es ilimitada pero no infinita, lo infinito lo que limita la maldad”. En realidad yo creo que habla de lo infinito del amor, que el dolor y el horror pueden ser terribles, pero que por encima de eso el amor puede transformar y salvar. 

ÁNGELA: “Entendí que el amor es una forma de luz”.


Natalia, ¿cuál es su apuesta para la puesta en escena?

NATALIA: Me encuentro con un texto que me conmueve, que veo que me brotan, que me nacen cosas. Es un texto poético y a la vez ofrece distintos estilos.

Reúno un grupo de creadores, como son Elisa Sanz, Juanjo Llorens, Álvaro Luna y Luis Miguel Cobos porque pueden entender muy bien el universo de Itziar Pascual y Amaranta Osorio y crear un universo poético, duro, con humor, donde la fisicidad es clave para entender la palabra, donde hay que fijarse también en los pequeños detalles de la vida, darle valor a lo pequeño, donde he trabajado los distintos planos como siempre, en los que pueden pasar varias cosas a la vez, donde el mundo de los insectos está presente desde otros tamaños, otras perspectivas…

Sugerir los universos paralelos, que es algo bien interesante, las dos mujeres están por momentos en espejos, hay analogías… Darle vuelo a esa escritura e intentar hacerla realmente física.


Las autoras hablan de sacudirse la impotencia de ver lo que sucedía en el mundo y la idea del teatro como luz y foco de esperanza. ¿Sienten ustedes, directora y actrices, que están haciendo especial? ¿Removerá conciencias este trabajo? ¿Qué puede cambiar el teatro?

NATALIA: El teatro puede dar esperanza, luz, ofrecerte otros puntos de vista, crearte un poso de compromiso, de toma de conciencia.

GOIZALDE: Yo creo que sí, sólo decir el texto que han escrito Amaranta e Itziar ya de por sí conmueve y remueve. Se habla de un campo de concentración donde esta mujer pasa su periplo de oscuridad, pero es un paralelismo con el que también se reivindican los campos de refugiados de hoy en día.

No es algo alejado, ni que hable del pasado, sino que es totalmente actual y no tan alejado de aquellos trenes en los que iban los judíos al exterminio o al horror. Todavía están los trenes de niños que están aterrados y en circunstancias terribles. Concienciar que un pequeño gesto, un pequeño movimiento, resistir y ser activo.

Ser activista en estos asuntos, denunciarlo o conmover… Nos llega tanta información y estamos tan saturados de tantas cosas que a veces nos volvemos inmunes al dolor y yo creo que este texto con estas imágenes tan poéticas, visuales y emocionales que tiene creo que sí, yo creo ser consciente de que el texto atraviesa al estómago y al corazón. 

ÁNGELA: No lo sé, no tengo ni idea. A mí me encantaría decirte que sí y seguir creyendo en eso, creo que eso depende del espectador, de cada uno, de las pequeñas almitas y corazoncitos que vayan, depende de lo permeables que sean los ojos que nos reciben, eso no depende de nosotras. Nosotras estamos intentando poner ese foco de luz necesario para que nos volvamos a preguntar qué carajo estamos haciendo en Europa, no tenemos memoria, se nos olvida permanentemente lo que hemos hecho, cuándo hemos emigrado…

Todo, no nos acordamos de nada. Nosotros estamos intentando eso, pero luego depende mucho de cuan receptivo sea el espectador. También te digo, subirte a escena a hacer un texto así te calma mucho la conciencia, como persona. Pero yo sigo pensando que eso no es suficiente, yo como persona digo ‘muy bien, estás haciendo esta función que es genial, que aportará algo, que recordará un rato a la gente esto y a mí misma, pero qué más vas a hacer, porque si me quedo aquí no sirve muchísimo tampoco’. 

  • Las mujeres de la escena: Carme, María, Mónica y Laura
  • Las mujeres de la escena: Amaranta, Blanca e Itziar
  • Las mujeres de la escena: Ana, Magui y Goizalde
  • Las mujeres de la escena: Natasha, María y Paula
  • Las mujeres de la escena: Adriana, Ana y Sandra
  • Las mujeres de la escena: Chos, Irma Correa y Ángela Cremonte
  • Las mujeres de la escena: Ana Achiaga, Natalia Álvarez Simó y Carolina África
  • Entrevista a Natalia, Goizalde y Angela por Mi niña, niña mia
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