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Entrevista a Pablo Derqui por Calígula

Publicado el 30 de Noviembre de 2018

Entrevista a Pablo Derqui por Calígula

Obra: Calígula

 Calígula es el intento de personificar la esencia de la tragedia humana. Es desengaño. Y es rabia

 Popular por su trabajo en grandes series de la pequeña pantalla –como “Isabel”, “Hispania” o “El síndrome de Ulises”–, el teatro es el medio donde este intérprete catalán ha desarrollado su talento con mayor profundidad. “Desde Berlín. Tributo a Lou Reed”, “Roberto Zucco” o “Hedda Gabler” son algu-nas de sus intervenciones más aplaudidas antes de sumergirse en la piel del temido emperador romano.

¿Qué caracteriza esta versión que Mario Gas firma de “Calígula”?

Su afán por hacer que las palabras de Camus lleguen lo más nítidamente posible al espectador. De hecho, al empezar a trabajar fue cuando nos dimos cuenta de la enorme complejidad de la obra, de su densidad intelectual y filosófica. Si bien Camus escribió una obra de teatro, el alto vuelo de las reflexiones –junto al lirismo con el que las despliega– hacen que la pieza sea práctica-mente un ensayo filosófico.


 

¿Cuál es el resultado?

Mario ha diseñado un montaje muy desnudo. Desprovisto tanto de cualquier accesorio escenográfico que pueda despistar, como de interpretaciones muy compuestas. Es una versión donde única y exclusivamente prima la palabra: la palabra de Camus.


 

¿Y el argumento de la pieza?

Calígula lleva tres días desaparecido. Tras la muerte de su amante/hermana Drusila, parece haber entrado en una profunda depresión. El mundo ahora se le aparece como una gran mentira. La verdad en la que creemos vivir no es cierta. La belleza, la virtud con la que decimos guiarnos es contingente y pasajera. Todo es mentira y pretendemos no verlo. Calígula asume trágicamente esa ceguera de nuestra condición y decide hacernos despertar. A partir de ahora, usará todo su poder para tensar al máximo los límites de lo posible.


¿Cómo define a Calígula?

Hay que pensar que Calígula, como todo gran personaje en la historia del teatro, trasciende los límites de lo humano. En él se aglutinan tal cantidad de preguntas que hacen imposible buscarle un trasunto psicológico. Es cierto que Camus toma al personaje real e histórico del emperador romano Calígula, conocido por sus excesos, sus extravagancias, incluso por su sadismo. Pero, para Camus, es una excusa para hablar de muchos temas.

El Calígula de Camus es el intento de personificar la esencia de la tragedia humana. Es aquél que asume que todo pasa, que nada es verdad, que cualquier pretensión moral, por muy elevada que sea, se amedrenta y huye al ver su propia sangre. Es desengaño. Y es rabia.


Uno de los momentos más impactantes de la pieza se produce cuando…

Quizá para mí los momentos más hermosos se dan en la parte final de la obra. El monólogo en el que asume que no hay nada en este mundo –ni en el otro– que esté hecho a su medida. Después de haber buscado “en los límites del mundo, en los confines de mí mismo... Nada. Siempre nada.”. Uf... ¡pelos de punta!


¿Cómo son el resto de personajes?

Son muchos los patricios que acompañan al emperador. Mario quiso condensarlos para que la comprensión fuera más directa. Para ello, tuvo la suerte de tener a Anabel Moreno, Pep Molina, Ricardo Moya y Pep Ferrer, que son unos actorazos. El per-sonaje de Quereas, que es el contrapunto necesario de Calígula, el patricio que refuta con argumentos las tesis del emperador, es Borja Espinosa.

Escipión, el joven poeta, amigo del alma de Calígula, quien vivirá con desesperación la transformación de su amigo e intentará comprenderle, es Bernat Quintana. Helicón, el esclavo liberto, fiel servidor de Calígula, ejemplo de genuina virtud si es que la hay, es Xavi Ripoll. Y Cesonia, la amante/madre/confidente quien, por amor, acompañará al emperador hasta el final, es Mònica López. Es un equipazo, un lujo.


¿Qué conclusiones extrae del texto de Camus?

Quizás, una de las cosas más vistosas es lo poco que se ha avanzado en política. En la excelencia que se le debería exigir a un re-presentante político y el pesimismo social consensuado al respecto. “Gobernar es robar”, decía Calígula/Camus. Hoy no hay más que poner las noticias...


¿Por qué es interesante para el público teatral?

Porque creo que es una oportunidad para acercarnos a una de las mentes más brillantes del siglo XX. Si bien es hijo de un momento concreto, de cierto desapego, de cierto pesimismo, Camus es un ejemplo de compromiso, de sentido común, de excelencia crítica. Todavía hoy nos enseña cosas.


Aparte de “Calígula”, ¿podemos verle en algún otro proyecto?

En la serie de TV3 ”Si no t’hagués conegut” –ya en antena– y, desde principios de año, en TV1 con “Monteperdido”, una serie que adapta la novela de Agustín Martínez.

 

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