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Entrevista a Pilar de Yzaguirre por El grito

Publicado el 31 de Enero de 2021

Entrevista a Pilar de Yzaguirre por El grito

Obra: El grito - Teatro Fernán Gómez

 Estoy en la misma reivindicación de todos los trabajadores de la sanidad: hace falta que se cuide a los trabajadores de las artes escénicas, que sus contratos sean reflejo de su dedicación y esfuerzo, que se actúe dentro de la legalidad que les ofrece amparo y les da fuerza para seguir trabajando con buen ánimo.

 “He podido poner mi sello con el feminismo, la lucha por la igualdad que ha llenado mi vida, encima de un escenario”. La veterana productora Pilar de Yzaguirre nos hace este regalo en forma de homenaje a todas esas mujeres que se han enfrentado a grandes dificultades y que han tenido que luchar para ser escuchadas. Ella encargó este texto, el cuarto que coescriben Itziar Pascual y Amaranta Osorio, que dirige Adriana Roffi y ponen en escena Ana Fernández –Elsa Chaves–, Nuria García, Óscar Codesido, Lucía Barrado, Alberto Iglesias, José Luis Alcobendas –Pablo Turégano– y Carlota Ferrer. 

Si por algo ha gritado, metafóricamente hablando y quizás también literalmente hablando, Pilar de Yzaguirre ha sido por la mujer y por la lucha por sus derechos, por difundir y denunciar el estado de las leyes que nos discriminan solamente por serlo. Cuando ahora mira a su alrededor y ve cómo aún hoy hay mujeres para las que el feminismo no significa nada y gente que pretende echar por tierra todo el trabajo hecho, ¿qué siente, no le da un poco de miedo?

Cuando tú descubres que la vida que te ha tocado vivir es muy distinta si eres mujer o si eres varón, las cosas se ponen muy difíciles, pues a ti te educaron con unas ciertas normas, deberes y derechos y has intentado ajustarte a ellas, pero cuando pasa el tiempo y ya tus análisis son más profundos, caes en la cuenta de que estás aceptando una vida llena de injusticias, como si fueran circunstancias naturales y habituales.

Eres más o menos feliz, pero al empezar a analizar cuáles son las reglas de juego, ya la cosa cambia.

¿Por qué tu madre y tu padre te han inculcado lo que tienes que hacer sin pararse a pensar la razón por la que, a tu propio hermano, no se lo exigen? Hay algo que nos diferencia, además de  lo fisiológico, y es que tu hermano, por ser varón, tiene unos privilegios adquiridos a través de los siglos y ahora es el momento en que esos privilegios se están cuestionando.

La cultura en la que nos hemos educado llevaba consigo unos derechos para el varón que la mujer no tenía, lo que nos lleva a investigar las razones por las cuáles se nos ha discriminado. Enseguida comprobamos que estas no tienen consistencia para perpetuarse, se trata de estructuras sociales y costumbres que han valorado más a las personas de sexo masculino que a las de sexo femenino, lo que, con la andadura de la historia, se convirtió en una verdad absoluta incontestada, a respetar. Tratar de eliminar esa diferencia de percepción en la valía de las personas, por el mero hecho de ser varón o de ser mujer, exige una lucha constante y no siempre bien vista, pues todavía hay quienes que ven naturales las diferencias, perpetuando los hábitos y conductas adquiridas sin ningún análisis racional ni conciencia crítica.

El Feminismo, y la lucha por los derechos de la mujer llegaron a España, y llegaron para quedarse, gracias al esfuerzo de una serie de mujeres que pelearon con el objetivo de obtener la igualdad de derechos y obligaciones.

Sobre el año 1970, en Madrid, varias mujeres empezamos a reunirnos para comenzar una andadura dirigida a cambiar ese estado de cosas. Aquel fue para mí el momento más bonito y claro, fue una luz que se encendió en mi corazón. Empezábamos a tomar conciencia de que esta reivindicación dependía en gran parte de nosotras, las mujeres. Aunque siempre defendí que en toda revolución cultural tienen que intervenir todos los actores que participan en ella, tanto mujeres como varones, es natural que sea la parte más olvidada la que tiene que salir de su escondrijo y empezar a blandir el cobre.


Leer su trayectoria es, en parte, ver su compromiso con la mujer y su situación. ¿Por qué es tan especial “El grito” para Pilar de Yzaguirre?

El Grito es tan especial para mí porque es la cumbre que deseaba coronar, que se unieran en un solo proyecto mis dos pasiones: la lucha por los derechos de la mujer y mi profundo amor por las artes escénicas, sin tener que abandonar ninguna en favor de la otra. Se trataba de aunar y llevar sobre los hombros todas mis mochilas, sin olvidar mi vida familiar.

Mi experiencia ha supuesto una encrucijada entre mi vida familiar y mi vida laboral. En nuestro país es muy difícil llevar las dos trayectorias con holgura. Cuando yo empecé a tener bebés, que tuve 5 hijos, las guarderías eran una pesadilla, no estaban todavía bien regentadas, ni bien reguladas. Fue por aquel entonces cuando se consiguió que echaran a andar y a ponerse en funcionamiento, pues fue el momento en que la mujer comienza su faceta laboral, y eran imprescindibles.

Logré, con enorme esfuerzo y con ayuda de personas cercanas, poder conciliar la faceta laboral y la faceta de madre y  esposa, no tenía familia en Madrid, y en esa soledad, muchas veces me sentí impotente. 

Todavía no había empezado en nuestra tierra la incorporación del varón a las faenas cotidianas del hogar y, aún menos, su participación en el cuidado de los hijos.


Hablábamos de compromiso con la mujer, pero también con el Teatro con mayúscula. Imagino que Pilar de Yzaguirre estará muy satisfecha y orgullosa del trabajo hecho. ¿El balance es muy positivo, no?

Entro en el mundo de las artes escénicas de la mano de María Corral y José Luis Gómez. José Luis comentó con María que necesitaba a una persona como relaciones públicas y para llevar las relaciones con la prensa, y María le dio mi nombre.

Tres meses antes me habían nombrado Subdirectora General de la Condición Femenina, Subdirección que dependía del ministro Pio Cabanillas, y del entonces Director General, José Manuel García-Margallo.

Entré en la subdirección con la esperanza de poder realizar una labor a favor de la libertad de la mujer y ayudar para conseguir la igualdad de derechos, sueño por el que tantas mujeres estaban comprometidas. Pero la rigidez de la política, y la falta de libertad para moverme en ese enorme mundo de los varones, me impulso a presentar mi dimisión tres meses después de mi nombramiento.

Mi camino se iluminó con José Luis Gómez, con sus maravillosos proyectos de teatro, y pronto compartí con él y con Nuria Espert mi trayectoria en las artes escénicas, a las que he dedicado mi vida desde entonces. Ellos han sido mis maestros, aun sin que se dieran cuenta, como co-directores del Centro Dramático Nacional, creado un año antes por Adolfo Marsillach.


Usted ha contribuido en gran manera a que Madrid se haya convertido en una ciudad llena de cultura, por ejemplo trayendo a creadores intrépidos, innovadores, gente de fuera que causaba gran impacto. ¿Cómo ve a Madrid ahora? ¿Se siente reconocida en el panorama cultural de esta ciudad o aún echa de menos cosas?

Di mi gran salto hacia la cultura en el año 1982, cuando Joaquín Leguina, Presidente de la Comunidad de Madrid, llamó a José Luis Ocejo, entonces Director del Festival de Santander, para que formase un equipo y creara un Festival de Otoño, semejante al que existía en París.

Yo llevaba tres años colaborando con Ocejo en el Festival de Santander, y él propuso a Leguina que ambos trabajáramos como una co-dirección en el Festival de Otoño madrileño. Más adelante continué en solitario como responsable de ese Festival. Las condiciones en las que trabajé en la dirección fueron maravillosas, pues tuve libertad completa para programar. El Festival de Otoño fue un verdadero acierto y un enorme éxito. Madrid creció y ofreció primicias en las tres artes, MÚSICA, DANZA y TEATRO, y se convirtió en la verdadera capital de estas artes en España. Madrid había vivido de espaldas a la cultura, encerrada en sí misma y, gracias al Festival, se convirtió en una ciudad abierta a las artes escénicas del mundo internacional.

De acuerdo a todo el esfuerzo que hice en ese momento, y del éxito y resultado  conseguido, desde luego que me he sentido bastante olvidada. La Comunidad de Madrid nunca me gratificó con un recordatorio a mi persona o un reconocimiento a mi labor por el cambio en la transformación artística de la ciudad, nunca entendí esta falta de generosidad.

En el año 1989 presenté mi dimisión, pues a pesar de conseguir todas mis metas en lo artístico, nunca logré regularizar y dar estabilidad a las contrataciones y situación laboral de quienes trabajábamos para el Festival, lastre injusto que nunca conseguí cambiar, a pesar de luchar por ello.

Cuando en fechas recientes contemplé la posibilidad de jubilarme en activo comprobé que no tenía suficientes años cotizados, pues todos los años en que estuve contratada por la Administración pública, no aparecían reflejados en los archivos de la Seguridad Social, nunca me dieron de alta, lo que me ha impedido acceder a una prestación por jubilación, y es una de las razones por las que sigo trabajando. Es una de las causas que acrecienta mi “Grito”.


Hay quien no es mucho de dar consejos, pero ¿qué pediría Pilar de Yzaguirre a los productores de hoy, a los que están consolidados, a los que están aterrizando y a los que se lo están pensando? ¿Qué consejo les daría o qué les pediría que no perdieran de vista nunca?

Pues yo estoy en la misma reivindicación de todos los trabajadores de la sanidad: hace falta que se cuide a los trabajadores de las artes escénicas, que sus contratos sean reflejo de su dedicación y esfuerzo, que se actúe dentro de la legalidad que les ofrece amparo y les da fuerza para seguir trabajando con buen ánimo.

Pido y deseo que los nuevos productores luchen y consigan grandes éxitos de la escena y ofrezcan mejores contratos para todos los que trabajan en ella.

Aprovecho la ocasión, para agradecer a Laila Ripoll, la invitación que nos hizo, para co-producir y presentar en el Teatro Fernan Gómez de Madrid El GRITO , el Ayto, siempre ha estado  abierto con Ysarca, dándole oportunidades para poder presentar grandes obras , en sus teatros, recordemos INCENDIOS de Wajdi Mouawad, en el Teatro Español o en  Matadero. Y en el Fernan Gómez, cuando solo era Centro Cultural de la Villa, presentamos  ¨BARROCO con Tomaz Pandur y Nacho Duato. Colabore mucho también  con el  tan admirado y  querido Antonio Guirau, con diversas propuestas muy bien aplaudidas

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