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Entrevistas a Luis Piedrahita y El Sevilla

Publicado el 29 de Marzo de 2019

Entrevistas a Luis Piedrahita y El Sevilla

Obra: Monologuistas a escena

 Cuando duermo soy muy aburrido. Soy humorista las 24 horas del día pero no intento hacer un chiste a cada momento, Luis Piedrahita

Realmente no soy gracioso, pero es cierto que caigo en gracia, que es más difícil, El Sevilla

 Luis Piedrahita, Goyo Jiménez, David Guapo, El Sevilla, Rafa Maza, Carolina Noriega, Elsa Ruiz, Karim, Víctor Parrado, Santi Rodríguez, Nancho Novo, Andreu Casanova, Eva Cabezas y Juan Amodeo... Seguro que los conoces a todos. Son algunos de los grandes monologuistas que pueblan, casi siempre en la hora más golfa, los escenarios de Madrid. Pero, ¿sabes de qué hablan sus espectáculos? ¿Te has preguntado si sus shows son improvisados o de memoria? ¿O qué truco no les falla cuando fallan los chistes y el público no se ríe? ¿Te imaginas quién les hace reír a ellos y qué no les hace ni pizca de gracia? Te sacamos de dudas, porque les hemos preguntado todas estas cosas y muchas más... Incluso, ¿qué preguntarían ellos a otro cómico? ¡Ahí van sus respuestas! Por VANESSA RAMIRO
 

LUIS PIEDRAHITA

“LAS AMÍGDALAS DE MIS AMÍGDALAS SON MIS AMÍGDALAS”.

AUDITORIO C. C. SANCHINARRO

Su espectáculo...

Habla de la vida como un hotel: un sitio en el que vas a estar poco tiempo y tienes que llevarte todo lo que puedas. Se trata de un espectáculo de humor cotidiano que empieza hablando de las cosas pequeñas para acabar hablando de los grandes temas. Yo no quiero ocultar que de este espectáculo ya se ha dicho que es una de las obras más ingeniosas, brillantes y poéticas del siglo XXI. Lo que sí querría ocultar es que he sido yo el que lo ha dicho.


¿Improvisación o de memoria?

Las dos cosas: improvisaciones ensayadas durante años y momentos guionizados en el último segundo sobre el escenario. El guion es imprescindible. El trabajo previo le da altura y peso al espectáculo, pero la improvisación consigue que el espectador tenga viva algo único e irrepetible. Los asistentes son conscientes de que eso que ha sucedido esa noche, no volverá a suceder. Sienten que han sido los testigos privilegiados de algo hecho a medida. Eso es importante. Y, aunque yo suelo preparar mucho mis guiones, siempre me gusta soltar el timón de la nave un ratito para ver a dónde nos llevan los vientos de esa noche.


¿Qué truco no le falla nunca cuando el público no se ríe?

Pasar a lo siguiente. Eso es lo mejor. Si un chiste no entra, se pasa al siguiente. De todos modos yo intento contar cosas que resulten interesantes independientemente de que la gente se ría o no. Por supuesto, mi intención es que se rían lo máximo posible. Que no paren de reír. Pero si un chiste no entra, se pasa al siguiente.


Sus señas de identidad…

Humor blanquito como las moscas polares. Mi espectáculo no es crítico ni corrosivo. Se trata de un humor más poético que político.Yo no hago humor político ni una crítica explícita de la sociedad. Mi humor no es beligerante. Hay gente que sí lo hace y lo hace muy bien.

La critica que hago yo no es explícita sino indirecta. Me explico. Hay dos maneras de moverse por la vida: una es construyendo lo que nos gusta y la otra es destruyendo lo que no nos gusta. Ambas son legítimas. Yo soy partidario de construir artísticamente el mundo que deseo. Prefiero eso antes que destruir aquello a lo que me opongo. Me gusta entender el humor como un arma de construcción masiva. A mí me gusta el humor que se acerca a la poesía. Es el que me gusta ver y lo echo de menos. Echo de menos aquel humor que hacían Chaplin, Fellini, Berlanga…

Un humor tierno, bello, imaginativo, elegante, cuidado, surrealista… Es difícil, por eso no abunda. Lo echo de menos, por eso intento hacerlo.


Sus referentes…

Me gusta Woody Allen, Fellini y Billy Wilder. Pero creo que decir eso y no decir nada es muy parecido. De por aquí me encantan Wenceslao Fernández Flórez, Cunqueiro, Tono y Don Ramón Gomez de la Serna. Tampoco es un gusto muy audaz que se diga. Me troncho también con Jardiel, Mihura y Julio Camba. Como puedes observar yo soy muy del mainstream. Me he vuelto loco con Gila, Faemino y Cansado, Tip y Coll… En la Argentina son geniales Les Luthiers, Quino y Alejandro Dolina. Y aquí soy fan de muchos de mis compañeros: El Mundo Today, Riki Blanco, La vida moderna, Vaquero, Goyo, Joaquín Reyes, Berto, Leo Harlem… Un artista que recomiendo siempre que puedo es Alejandro Dolina. Escritor, cantante y locutor de radio. Sus programas son una joya.


¿Hay gente que espera de usted que sea gracioso las 24 horas del día? ¿Lo es?

No lo soy. Cuando duermo soy muy aburrido. Soy humorista las 24 horas del día pero no intento hacer un chiste a cada momento. Hay que descansar y, sobre todo, dejar que nuestras familias y amigos descansen de nosotros. Olvidarse de descansar es un peligro. Hubo una época en la que no me despegaba de mi libreta. Apuntaba todo lo que fuera susceptible de despertar una sonrisa. Incluso me despertaba en mitad de la noche y apuntaba ideas que se me ocurrían en sueños. Era un exceso. Temía que se me derritiera el cerebro. Imaginaba mi cerebro derretido saliendo por mis oídos como un líquido espeso, rosado y dulzón al que se le acercaban las moscas y las avispas.

Ahora ya no hago eso. Ya no apunto todo y me obligo a descansar. Nota mental, apuntar la idea de un cerebro rosado y dulzón que se derrite y sale por las orejas de su dueño mientras este trata de espantar a las avispas.


¿El humor tiene límites?

Nunca me he censurado. Escribo el humor que me gustaría escuchar a mí. Es cierto que atravesamos años de susceptibilidades. La gente está más sensible que el glande de Stendahl. No sé si te acuerdas, pero 40 años atrás hubo una época en la que no se podía hablar de nada. Luego vinieron años en los que se podía hablar de todo y ahora vivimos una época en la que parece que se puede hablar de todo pero en realidad no se puede hablar de nada.

Es un debate que surge a cada paso. Unos dicen que los límites del humor han de estar en el respeto, otros responden que la libertad de expresión es sagrada, enseguida salta otro con que todos tenemos derecho a ofendernos, después otro le rompe una silla en la espalda porque eso le ha ofendido… Yo opino que los límites del humor están en el talento del humorista. El humorista talentoso, así como el poeta, sabe qué temas ha de tratar y cómo ha de tratarlos para ofender solamente a aquellos que se lo merecen. El humor no puede ser inofensivo. El humor ha de ofender siempre, pero la ofensa ha de ser justa. Ha de ser una ofensa que mejore el mundo, no que lo empeore.


¿A qué no le encuentra la gracia?

Me enfada la arrogancia, la insolencia, la petulancia, la soberbia, la pedantería, la inmodestia y la gente que utiliza muchos sinónimos para decir la misma cosa.


¿Qué pregunta le haría a otro monologuista?

Ésta misma.

 

EL SEVILLA

“LA VIDA ES ROCANROL”.

PEQUEÑO TEATRO GRAN VÍA

Su espectáculo...

El cantante de los Mojinos entra en su camerino tras un concierto y se encuentra que tiene público. En ese momento me salgo del modo cantante y comienzo a contarles, siempre en tono de humor, mis problemas como padre, como hijo, como marido… Como una persona normal y corriente.


¿Improvisación o de memoria?

Es un magnífico guion que intento hacer con puntos y comas, aunque semanalmente le meto morcillitas de actualidad.


¿Qué truco no le falla nunca cuando el público no se ríe?

La verdad es que en cuatro años el público siempre sale diciendo que no recuerda haberse reído tanto en su vida, sin truco ni trato.


Sus señas de identidad…

Realmente la gente viene con la garantía de que todo lo que he hecho en la música, en radio o en televisión, incluso en el cine, ha sido en tono de humor, pero todos salen sorprendidos al ver al Sevilla de los monólogos.


Sus referentes…

Todos y todo lo que tiene que ver con este maravilloso arte del hacer reír.


¿Hay gente que espera de usted que sea gracioso las 24 horas del día? ¿Lo es?

Realmente no soy gracioso, pero es cierto que caigo en gracia, que es más difícil.


¿El humor tiene límites?

Los que tú le pongas y realmente procuro no perder la etiqueta de ‘Políticamente incorrecto’, pero respetando ciertas cosas.


¿A qué no le encuentra la gracia?

Normalmente los temas de los que hablan en los telediarios no tienen gracia alguna.


¿Qué pregunta le haría a otro monologuista?

Los monologuistas no nos hacemos preguntas, nos ponemos a parir los unos a os otros (risas)

 

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