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Jana Pacheco

Publicado el 01 de Enero de 2018

Jana Pacheco

Obra: Las mujeres de la escena: directora de La tumba de María Zambrano

Visibilizar la problemática de la desigualdad en la programación o del acoso no puede invisibilizar nuestros trabajos. Somos muchas las que hemos conseguido estrenar y dirigir obras. En las entrevistas que se nos hace, se nos pregunta más por la problemática que por nuestro trabajo

 

 

¿Dónde están las mujeres en el teatro? ¿Existe discriminación, machismo, micromachismos?

En estos momentos somos muchas las asociaciones de mujeres trabajando por la igualdad y luchando contra la violencia maxista. Desde La Liga de mujeres profesionales del teatro, MAV, CIMA, Clásicas y Modernas, etc. Trabajamos para solventar problemas que tienen que ver con el abuso y la discriminación. Es un orgullo ver como el asociacionismo está haciendo mejorar el panorama cultural en nuestro país, aunque aún queda mucho trabajo por hacer. Sobre todo desde los gobiernos, ayuntamientos e instituciones públicas, que deben hacerse responsables de algo tan importante como es la discriminación sexista. Desde hace dos años trabajo en el programa Temporadas Igualdad MH, impulsado por la asociación Clásicas y Modernas. Llevo la coordinadora técnica a nivel nacional. En este proyecto, liderado por Margarita Borja, tratamos que los teatros públicos cumplan con La Ley Orgánica para la Igualdad efectiva de Mujeres y Hombres, publicada en marzo de 2007, intentando que en la programación cultural siempre haya paridad, entendida como un porcentaje de un 40% - 60%, para salvar las famosas “cuotas” y no dejar que las mujeres siempre estemos programadas en un 12%, 14%, que es lo que venía siendo normal en los diez últimos años. Actualmente son más de 32 teatros, ayuntamientos y diputaciones los que han firmado una carta de compromiso con nosotras y los resultados en la programación están siendo muy positivos. Se ha aumentado entre un 30% y un 40 % la programación de mujeres en muchos casos. Esto es una respuesta a la famosa frase de “no hay mujeres directoras o dramaturgas” que puede ser contestada por “existen si las buscas y tienes la intención de que formen parte de tu programación”. Pero el patriarcado es aún una capa de la sociedad que dificulta e impide que las mujeres puedan desarrollar su trabajo sin tener que demostrar más, sin tener que esforzarse más, porque constantemente somos cuestionadas. Incluso luchar por la igualdad de programación, pone en duda el valor de nuestro trabajo. Hay quien se pregunta si estamos programadas por la calidad de nuestras obras o por ser mujeres y completar las cuotas. La respuesta para eso es sencilla: miren nuestros trabajos en lugar de mirar qué somos mujeres. Dejemos de dividir la sociedad en un binomio de personas que no nos lleva a ninguna parte, sobre todo porque hay otras personas que no se identifican con él.  Estoy segura de que a nuestros compañeros hombres no les preguntan por la desigualdad en la programación, y estas cuestiones deberían ser un problema que nos preocupen a todos y todas.


Casos de abuso denunciados en la profesión en todo el mundo. La Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro publica un manifiesto contra el acoso en el teatro.

El manifiesto de Pilar Almansa, en representación de La Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro, era muy necesario. Yo estoy muy agradecida del trabajo que están haciendo las compañeras. Las mujeres no denuncian el acoso y el abuso por miedo a las represalias, en nuestra profesión y en todas. El problema del teatro es que todos sabemos que además de ser una buena profesional hay que ser discreta, no dar problemas y aguantar con lo que nos echen. Esto afortunadamente está cambiando, las mujeres nos hemos unido para compartir experiencias y hacernos fuertes y denunciar los abusos. Como ha sucedido este año con la denuncia que ha recibido el comisario Javier Duero que ha movilizado a cientos de mujeres, unidas en un grupo privado de Facebook, La caja de Pandora, para luchar contra el acoso sexual en la cultura. Hay que decir los nombres de los acosadores altos y claros, hay que denunciar y hay que compartir las experiencias para que sepamos qué es acoso sexual, porque se siguen disfrazando de gestos cariñosos. Yo afortunadamente no he sufrido abuso por parte de la profesión teatral, pero si lo he recibido en trabajos anteriores. En su momento no me atreví a denunciar. Las denuncias por acoso sexual prescribe a los cuatro años. Hay demasiadas cosas que cambiar en nuestras leyes para que las mujeres y otros colectivos excluidos por políticas machistas dejemos de estar desamparadxs.


Datos: en 2014 se estrenaron en España 977 obras de teatro según datos del Centro de Documentación Teatral. En cuanto a su autoría, sólo un 22% son mujeres (un 30% si hablamos de dramaturgia y un 20% si lo hacemos de versiones). En cuanto a dirección de escena, sólo el 23% son directoras. En coreografías, el porcentaje de mujeres alcanza el 58%.

Como digo anteriormente, esto está cambiando gracias al trabajo común de centros culturales, técnicos de cultura, gestores /as, programadores/ as y asociaciones de mujeres. Lo pueden ver si se detienen en la programación del CDN de este año o de Conde Duque, que fueron los dos primeros centros en firmar las Temporadas Igualdad. Pero aún hay mucho trabajo por hacer.  Cuando a algunos programadores les hablas de Igualdad en sus programaciones, te dicen que ya la tienen, porque ni si quiera se están dando cuenta de la exclusión que ejercen en su elección de obras. La programación casi exclusiva de hombres es una inercia de siglos, y está costando mucho cambiarla. Ahora mismo el gran problema está en las producciones privadas. 


Necesidad de realizar acciones que provoquen cambios. ¿Cuáles?

Creo que esto ya lo he contestado con anterioridad. Pero hay algo muy importante que añadir. Los medios de comunicación son una gran herramienta de lucha y deben hacerse eco de las medidas que ya se están tomando, por eso agradezco mucho esta entrevista.  Pero hay que tener presente algo muy importante: visibilizar la problemática de la desigualdad en la programación o del acoso, no puede invisibilidad nuestros trabajos. Somos muchas las mujeres que han conseguido estrenar y dirigir sus obras. En las entrevistas que se nos hace, se nos pregunta más por la problemática que por nuestro trabajo. Ahora mismo yo estoy dirigiendo “La tumba de María Zambrano –pieza poética en un sueño-“ que se estrena en el teatro Valle-Inclán. Es una coproducción del Centro Dramático Nacioanl, Volver Produciones e Ibercover Studio. Me gustaría poder hablar de María Zambrano, de su filosofía, del maravilloso equipo artístico que tengo. Es de agradecer que los medios se hagan eco de la problemática pero por favor, que esto no invisible nuestra labor artística, porque entonces estamos volviendo a caer en la discriminación. A los hombres no se les pregunta sobre qué opinan en torno al acoso.


Si en las aulas hay casi siempre más mujeres que hombres, ¿por qué siempre hay en cartel más autores y directores, por qué también parecen menos las actrices y por qué al frente de grandes teatros la mayoría son hombres?

Hay un fenómeno que conocemos como Pirámide invertida. En las aulas siempre hay más mujeres estudiando, especialmente en arte. En el mundo profesional, él éxito no es proporcional, porque existe la fratria. En los puestos de decisión y de poder casi siempre hay hombres, esto hace que elijan a otros hombres. A casi nadie le gusta renunciar a sus privilegios, pero afortunadamente ahora mismo en nuestro país hay muchos hombres feministas luchando por la igualdad de derechos, como Octavio Salazar o Bejamín Jiménez de la Oz (que hace un trabajo de militancia enorme a través de las Redes Sociales). Esto es muy importante, sobre todo en las universidades, donde las carreras universitarias están sujetas a unas competencias de poder e influencias donde las mujeres siempre salen perdiendo. ¿Cuántas catedráticas conocemos?


 

¿Qué tiene que cambiar en este país para que en el mundo laboral se refleje esa paridad? 

Hay que cambiar las leyes, sobre todo las referentes a la violencia de género. Hay que ser inclusivo desde el punto de vista constitucional, no solo con las mujeres, sino con cualquier colectivo excluido. Hay que respetar la ley Orgánica de Igualdad de 2007, y sobre todo hay que cambiar los programas educativos. Que las niñas y los niños puedan tener referentes de mujeres fuertes y de éxito, que la historia se deje de contar desde el punto de vista de los vencedores, y desde el patriarcado, que los niños y niñas aprendan valores humanos como el respeto hacia los otros. Hay que incluir a nuestras filósofas, escritoras, científicas, etc. En los colegios, institutos y universidades. Y hay que hacer programas de prevención contra las violencias machistas desde que los niños y niñas son muy pequeños. Hay que ser inclusivo con el lenguaje y en lo que nos toca, hay que utilizar el arte como herramienta de cambio para la sociedad y para la infancia.

 


 

“La historia de la literatura, del teatro, del cine… es eminentemente masculina. ¿Hasta qué punto esto ha condicionado la visión que todos tenemos del mundo?

Yo estudié Historia del Arte, antes de estudiar dramaturgia en la RESAD. Hasta que no llegué al siglo XX, no nos hablaron de una sola mujer artista, y en el XX, se hablaba de algunas por aquello de “disimular la discriminación”, tirando de la teoría de la excepción, de la que hablan Amelia Valcárcel o Estrella de Diego, y que consiste en ensalzar a algunas mujeres creadoras para “incluir” pero en realidad se excluye a todas las demás. La idea del genio y la musa ha hecho mucho daño en nuestra historia. Los programas, las bibliografías, no son paritarios. No se estudia la historia de las mujeres artistas, no nos enseñan a las dramaturgas de pasado. Me da mucha pena haber hecho dos carreras de humanidades y un master y que en muy pocas ocasiones alguien me haya hablado de María Zambrano, y que nunca nadie me haya dicho quién es María Teresa León o Carmen de Burgos, por poner algún ejemplo. Pero afortunadamente en la RESAD ahora mismo hay un grupo de profesoras feministas que están haciendo un gran trabajo en las aulas, concienciando a alumnas y a alumnos de la importancia que tiene estudiar, cualquier aspecto teórico o de la vida, bajo una perspectiva de género. Entre ellas destaco a Itziar Pascual, Ana Contreras o Alicia Blas.


 

Una reflexión general diría…

Me gustaría insistir en el hecho de que todas las mujeres agradecemos a los medios de comunicación el hecho de visibilizar la problemática del acoso o la desigualdad de oportunidades profesionales, pero por favor, que esto no invisibilice nuestros trabajos como creadoras.

También, en las Artes Escénicas somos muchas autoras y directoras preocupadas en construir genealogía: mirar atrás y recuperar a nuestras mujeres para construir un árbol genealógico de creadoras, que nos ayuda y nos anima a seguir con nuestro trabajo, que nos hace aprender, que nos hace fuertes y nos da confianza.

Entre muchas: Itiziar Pascual, con “Eudi”,  Cristina Silveira y Nieves Rodríguez Rodríguez, que han recuperado la figura de María Zambrano. Xus de la Cruz, (con “Paso a Dos: Adagio para Isidra,), Noelía Adánez (Con “Emilia”), Cristina Canudas (con “Mujer Olvido”, en homenaje a María Teresa León) y yo misma, que he puesto en escena “Camille” (una obra sobre Camille Claudel) y acabo de terminar de escribir “Remedios Varo: Mujer Alquimia”, obra becada por las Ayudas a la Creación Teatral de la Comunidad de Madrid.

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