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Marta Poveda

Publicado el 01 de Octubre de 2017

Marta Poveda

Obra: La dama duende

 Calderón dibuja a Ángela tan inteligente como kamikaze y firme en su deseo de libertad más allá del amor

 Hace tiempo que el vuelo de esta actriz que acabó haciendo teatro gracias a su madre es cada vez más alto. Tarea difícil enumerar todos sus impecables trabajos. Más fácil recordar grandes interpretaciones con la CNTC, de la que es ya rostro imprescindible: la Rosaura de “La vida es sueño”, la chispeante Beatriz de “Donde hay agravios no hay celos” o la reciente Diana de “El perro del hortelano”. Duende, eso tiene...

Si le digo “La dama duende”, ¿qué nos contaría de esta comedia? ¿En qué llagas mete el dedo Calderón con ella?

“La dama duende” es una pugna casi cervantina por la libertad de una mujer obligada a vivir encerrada. Es la antesala de “La vida es sueño” en clave de comedia. Calderón plasma la sociedad de la hipocresía, el clasismo, la opresión, la superstición… es decir, todo lo opuesto a la libertad y lo más cercano al miedo. Y muy especialmente si perteneces al género femenino.


¿Recuerda la primera vez que la leyó y cómo ha cambiado, si lo ha hecho, su opinión con respecto a ella tras haberla trabajado ahora?

La primera vez que la leí me fascinó la relación de los tres hermanos, que me sigue pareciendo el motor de la obra. Pero a medida que me comprometo con Ángela encuentro la función mucho más épica, más apasionante en cuanto a la lucha por el compromiso personal de defender la identidad. Y eso es extrapolable a pequeña y gran escala a toda la historia de la humanidad. Advertirlo en cada pequeño detalle del texto me parece fascinante.


¿Cómo es el Calderón que firma esta obra, qué destacaría de él?

Incisivo, joven, arriesgado, humanista, rebelde, polémico, irónico, macarra, encriptado, complejo, sexual… Partiendo de una situación terriblemente trágica, desarrolla una comedia tan fina como socarrona. Ya sabes, un genio…


Supongo que como mujer y como actriz debe ser doblemente placentero decir un texto, del Siglo de Oro ni más ni menos, pero con una mirada femenina y casi feminista, ¿no?

Es imposible negar el interés que muestra Calderón por los personajes femeninos. Se caracterizan en su mayoría por ser rebeldes, arrojados, emocionales, inteligentes… La dramaturgia del Siglo de Oro siempre suele cerrar sus obras de manera muy convencional a primera vista, pero a pesar de ello, los textos son tan grandiosos que no se debaten con un planteamiento feminista, puesto que (me atrevo a decir) la grandeza de estos autores radica en su humanismo, en su amor y su afán por comprender al ser humano, por analizar su problemática, en cualquiera de sus sexos. En este caso me toca defender a Ángela, una mujer que se juega la vida por existir. Calderón la dibuja tan  inteligente como kamikaze, experimentada, astuta, empática, y firme en su deseo de libertad más allá del amor. Ella ya ha conocido la pérdida y sabe que lo más importante es tenerse a sí misma. Una vez haya conseguido eso, lo demás vendrá si así a de ser.


Para abrir boca, díganos la primera frase de doña Ángela que se le venga a la mente

(…) Y así os ruego que digáis,

señor don Manuel, de mi,

que una mujer soy y fui,

a quien solo vos lleváis

al extremo que miráis.


Cuéntenos algo más de doña Ángela de Toledo, ¿cómo es y cómo el ambiente que le ha tocado capear?

Te hablaré de Ángela desde nuestro enfoque particular. Ángela es una dama de clase media/alta que tras algún tiempo casada con un hombre alegre y hedonista, y vivir en la costa, queda viuda y endeudada. Cuando vuelve a la casa familiar, sus hermanos, responsables de ella, no pueden asumir las deudas que dejó su difunto esposo y deciden encerrarla y negar su existencia de cara a la vida pública para evitar el acoso de sus acreedores. Esta circunstancia convierte a Ángela en una víctima encarcelada. Ángela (al contrario que Segismundo) ya conoce el mundo, la vida, el sexo… es joven pero experimentada, y este encierro arbitrario la deja desarmada para vivir. Es una mujer fuerte e inteligente con un espíritu rebelde y luchador, así que utiliza todas las herramientas de las que dispone para alcanzar su libertad, especialmente “la magia”. Por el camino parece ir repartiendo lecciones de alegría a todos los que la rodean, porque al fin y al cavo, Ángela no busca nada más y nada menos que el camino de la felicidad. 


¿Con qué características de su personaje nos vamos a sentir más identificados hoy y cuál nos chirriaría un poquito?

Creo que empatizaremos con su persistencia, con su lucha lícita por ser libre, su capacidad de amar, su generosidad,  su don para la persuasión, su arrojo. Ángela, además posee una imaginación particularmente portentosa capaz de envolver al espíritu más cínico, pero su persistencia y su testarudez la pueden llevar al ridículo más absoluto… También diría que en ocasiones se afana tanto en su empeño, que lo radicaliza hasta el egoísmo. 


He leído que a su padre su abuelo, comisario, no le dejó ser actor y, en cambio, su madre recurrió al teatro casi como terapia cuando usted entró en la adolescencia. ¿A eso se le llama justicia divina?

No diría eso ya que mi padre, a pesar de no poder cumplir esa vocación, descubrió otra que le fascinaba y se convirtió en marino mercante. Ha viajado por todo el mundo y vivido experiencias fascinantes. El ejemplo imprescindible que me da mi padre es caminar hacia delante buscando siempre lo que te haga feliz, y él lo ha hecho. Imagino que la genética ingresó en mi ADN el amor por el teatro y mi madre lo resolvió inteligentemente empujándome a desarrollarlo.


¿A partir de aquel momento ya no hubo marcha atrás? ¿Nunca pensó en tirar la toalla y dedicarse a otra cosa?

Soy tremendamente afortunada y no he tenido tiempo de pensar en tirar toallas. Pero, aunque amo mi profesión, me gusta pensar que si no pudiera ser actriz podría ser igualmente feliz haciendo otras cosas igualmente cautivadoras. Así, siento que mi relación con mi profesión es saludable. Eso no significa que el mundo de la interpretación no ve vaya a acompañar para siempre. De lo que sí prescindiría es de cierto porcentaje de hipocresía, egoísmo  y voracidad que acecha o rodea este pequeño mundo. Pero eso pasa en todas partes, ¿no? 


¿Qué le diría a aquella Marta de 16 añitos la Marta de hoy si se la encontrase?

No me interesa mirar atrás con afán de cambio… en todo caso le diría: “Procura entrenar un poquito más para no caer tanto en la tristeza”.


Han vuelto a levantar al público en Almagro con este montaje, llenan con cada espectáculo… ¿Qué tiene esta CNTC que a todos enamora?

La principal garantía, es por supuesto el patrimonio artístico. Estos autores universales que todo lo alcanzan, respetados por el amor a la palabra y la búsqueda de la profundidad de Helena Pimenta. Su afán por acercar los clásicos la obliga a rodearse de un equipo laborioso y apasionado. Creo que la factura siempre impecable y significativa de los espectaculos es un fantástico reclamo. El elenco compacto pero muy heterogéneo también me parece un interesante aliciente. Todo ello sostenido por un equipo técnico implacable que permite asumir riesgos.Esa es la responsabilidad del un teatro público. Y parece que la CNTC lleva un hermoso camino. 

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