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Silvia Marsó

Publicado el 01 de Diciembre de 2017

Silvia Marsó

Obra: 24 horas en la vida de una mujer

 Zweig cuenta al espectador cómo la existencia de un ser humano podría dar un giro de 180º solo con plantearte, de una vez por todas, qué quieres hacer en la vida

 Profesional como siempre, seductora como nunca. Acostumbrados como estamos a disfrutar de sus interpretaciones en todos los medios escénicos, a nadie se le escapa la dosis extra de pasión que la actriz barcelonesa descarga en la piel de la Señora C. ¿El motivo? Un flechazo directo al corazón recibido en el patio de butacas parisino donde descubrió esta joya teatral como espectadora. Tras dos años de intenso trabajo y la valiente decisión de asumir la producción de este proyecto a través de ‘La Marsó Produce’, Silvia nos recibe para desgranar todos los detalles de este prometedor estreno.
 
 

 


¿Qué vamos a encontrar en “24 horas en la vida de una mujer”?

Un espectáculo muy diferente a todo lo que estamos acostumbrados a ver actualmente. ¡Muy difícil de etiquetar! Me enamoró cuando lo vi en París porque, en una hora y veinte, transitas por todos los estados, las pasiones y las emociones que puede vivir un ser humano a lo largo de una vida entera.


¿Cuál es su planteamiento?

La historia, basada en una novela de Stefan Zweig, comienza cuando la protagonista es anciana y han pasado 20 años de aquellas 24 horas. Ella decide confesar, por primera vez, qué ocurrió durante esas 24 horas que cambiaron su percepción de la vida para siempre. Necesita sacar fuera todos esos hechos ocultos para crecer y darse cuenta de la importancia que tiene en la vida buscar tu esencia y vivir de una forma consecuente con tu forma de sentir y pensar. Es un canto a la libertad individual del ser humano.


Interpreta a la protagonista: la Señora C. ¿Cómo es ella?

Es una aristócrata que acaba de enviudar. Como pertenece a la nobleza, su vida estaba trazada desde la cuna, por lo que jamás ha tomado una decisión. Sufre una terrible depresión y decide viajar por Europa para salir de ese pozo. Encuentra en un casino de Montecarlo a un joven ludópata que intenta suicidarse. Ella consigue salvarle y, a partir de ese momento y por primera vez en su vida, toma las riendas de su existencia y decide vivir en libertad. Esta es una reflexión sobre los momentos en que el destino te pone delante un cruce de caminos y tú tienes que elegir: si seguir por la senda recorrida hasta el momento o si plantarte en el no saber qué va a pasar.


¿Queda mucha gente como la Señora C en los tiempos que corren?

¡Mucha…! Gente que vive condicionada constantemente por el qué dirán, por el entorno social, por la familia, la religión, la hipoteca, por mantener el área de confort o, a veces, porque no le queda más remedio para sobrevivir. Zweig cuenta al espectador cómo la existencia de un ser humano podría dar un giro de 180º solo con plantearte, de una vez por todas, qué quieres hacer en la vida.


Una de las frases que más le gusta de su texto es esa que dice...

“A veces el destino pone tu vida en juego a una sola partida y mover ficha es lo único que te queda para ganar o perder”.


Le acompañan en escena dos personajes masculinos: ¿quiénes y cómo son?

El personaje de el joven –Felipe Ansola– es un aristócrata hijo de una familia polaca que vive inmerso y prisionero de la ludopatía. En el momento en que ella se lo encuentra, él se está jugando una fortuna y lo pierde todo. El otro personaje – Víctor Massán y Fernán Torres, alternando– es el narrador, el maestro de ceremonias que va manipulando a los personajes para que caigan en situaciones límite que les hagan cuestionar los preceptos morales en los que han vivido hasta la fecha. La obra ofrece ese desafío al público de provocarle y preguntarle qué habría hecho en el lugar de esa mujer. ¡Y en 2018 se incorporará el actor Marc Parejo!


¿Qué influencia tiene la música, la danza y la escenografía en esta pieza?

Este es un espectáculo musical cuya música y danza, así como el texto y la trama, están hilvanadas de una forma tan fluida y armónica que no percibes cuándo cantamos o bailamos y cuándo no. Es como si todo fuera un engranaje plasmado a partir de su memoria. Todo lo que ocurre durante la obra es el recuerdo de ella y, en él, aparecen lugares como la Riviera Francesa, el Casino de Montecarlo, la Antigua Viena, un hotel de lujo, una pensión de mala muerte, la estación de tren… Todo eso está en el mismo sitio, pero ahí está la genialidad del director Ignacio García, que ha conseguido que una obra tan compleja transite por el escenario de forma tan sutil y poética.


Más allá de los focos y el escenario, ¿qué le hace disfrutar como ninguna otra cosa en su tiempo libre?

La naturaleza y el arte, nada me llena más. Ver exposiciones, teatro, cine, conciertos…

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