Ángel Ruiz regresa a la Comedia con El rey de la farándula

Ángel Ruiz en El rey de la farándula

Ángel Ruiz regresa al Teatro de la Comedia con su exitoso «El rey de la farándula». Estrenado el 25 de julio de 2025 en el Festival internacional de Teatro Clásico de Almagro, hace apenas nueve meses podíamos disfrutar de este espectáculo en la Sala Tirso de Molina del Teatro de la Comedia, a la que vuelve ahora del 5 al 22 de noviembre. Tras una extensa y exitosa gira, Ruiz firma la dramaturgia, dirección e interpretación, junto a Bru Ferri, de este cabaré barroco y provocador que recrea la atmósfera de la corte de Felipe IV, explorando el poder y la influencia de la farándula en la sociedad.

El reinado de Felipe IV representó el máximo apogeo de las artes en el Imperio español, con figuras como Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo y Velázquez brillando en la corte. Sin embargo, también marcó el inicio del declive del imperio, con guerras, corrupción y la decadencia de la Casa de los Habsburgo.

En este contexto, surge un personaje misterioso y fascinante, mezcla de actor, cómico, cantante y bufón, que sirve de hilo conductor en El Rey de la Farándula. A través de este cabaré del Siglo de Oro, este personaje, amante, confidente y espía, transporta al público entre épocas, revelando secretos y anécdotas de la corte de Felipe IV. Con un tono sarcástico, provocador y a la vez conmovedor, nos ofrece una visión humana y emocional del monarca y su tiempo. La obra entrelaza ficción y realidad, mostrando a un monarca que, pese a las guerras y la decadencia imperial, halló refugio en la escena teatral.

Con una estética andrógina y barroca, y acompañado de su inseparable pianista, interpretará canciones renacentistas y barrocas de Monteverdi, José Marín y Juan Hidalgo, además de temas contemporáneos. Recitará poemas de Quevedo e interpretará pasajes de Lope y Calderón, construyendo un espectáculo versátil, vibrante y lleno de gracia, donde el pasado y el presente se funden sin barreras temporales.

Una escena de El rey de la farándula

En palabras de Ángel Ruiz

Muchos me preguntan cómo definiría el Rey de la farándula; mi nuevo espectáculo unipersonal que transita por un puente entre el Siglo de Oro español y el presente.

En estos tiempos mercantiles, tan obsesionados por etiquetar todo, también la creación artística, siempre me ha resultado extraño y difícil condensar en una descripción escueta y precisa, casi en la búsqueda de un eslogan de marketing que llegue al consumidor, la descripción de un espectáculo que es fruto, no sólo de unos meses de trabajo, si no, también, de toda una carrera cultivando un modus operandi, una impronta y mi propia personalidad artística.

Desde mis inicios como creador en Quesquispás, mis espectáculos siempre ha sido una mezcla de teatro de humor, música y reivindicación, alcanzando la madurez con Miguel de Molina al desnudo. En el Rey de la farándula, mi proceso creativo ha sido sorprendentemente muy fluido. Estimo que esta facilidad ha sido consecuencia de la solidez de una manera de enfrentarme al hecho teatral desde mi propio estilo, el cual se ha definido con los años y ha blogrando la fe en sí mismo; algo complicado pero que es el resultado de la experiencia. Para que muchos puedan entender dicho estilo, me viene al pelo apoyarme en un concepto culinario, como símil para tal empresa.

Así como Valle-Inclán definió su teatro como “esperpento” , sin ánimo de compararme con el maestro, y con toda humildad, definiría el mío como gazpacho dramático, pues de alguna manera es lo que he desarrollado con el rey de farándula desde la conciencia de lo que estaba haciendo.

Por tanto, he mezclado en mi batidora creadora como ingrediente primordial, una buena cantidad de historia y contra-historia del s. XVII de la huerta de Felipe IV; un buen manojo de canciones renacentistas sofritas y tamizadas por el talento de Bru Ferri, mi pianista y director musical, unas rodajas de textos del siglo de oro de grandes autores, un buen chorro de distanciamiento brechtiano, un trozo generoso de descaro cabaretero, una porción de reivindicación y una pizca de emoción en su punto de empatía. Todo ello en su justa medida para encontrar el equilibrio de cada ingrediente y la excelencia del resultado final. Un espectáculo, que, como el gazpacho, refresca la conciencia, alimenta el intelecto y es sano, pues el teatro, tanto desde la risa como desde el llanto, es terapéutico.

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Redacción Revista Teatros

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