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Entrevista a Andrés Lima por El chico de la última fila

Publicado el 30 de Septiembre de 2020

Entrevista a Andrés Lima por El chico de la última fila

Obra: El chico de la última fila

 Es una obra llena de misterio. Entra dentro de zonas muy oscuras de una manera muy luminosa

 “Juan no puedo contestar nada porque no he estudiado pero últimamente estoy jugando muy bien al tenis el domingo me sacaron en el Marca voy a ser un campeón y tú y yo vamos a ir a celebrarlo”. Estas frases mal puntuadas de un chico en un examen impulsaron a Juan Mayorga a soñar esta pequeña joya de su ya de por sí maravillosa dramaturgia. Y esa obra, que dirige el colosal Andrés Lima, nos sirve de pretexto para reunir a dos iconos de nuestro teatro. A sus órdenes sobre las tablas, Guillem Barbosa, Pilar Castro, Arnau Comas, Natalie Pinot, Alberto San Juan y Willy Toledo. Por VANESSA RAMIRO
 

En el cole, en el instituto, en la universidad, ¿Andrés Lima era de los chicos de la última fila?

Según el cursos (risas). He sido bastante bueno toda la vida, pero a partir de los 15, 16 no me interesaba mucho la primera fila, pero no puede decirse que haya sido un chico de la última fila. Yo admiro mucho a los chicos de la última fila, pero no…


 

“El chico de la última fila” es el título de la obra que estrenan en octubre en el Centro Dramático Nacional. Un montaje programado para el pasado mes de mayo que aplazó la pandemia del coronavirus. ¿Cómo ha vivido, personal y profesionalmente, estos meses en los que de repente todo se detuvo?

A nivel personal bien, he podido trabajar, he podido pensar, he podido pasear y he podido ver a mis seres queridos. Lo que pasa es que con la angustia por las evidentes consecuencias de una pandemia… Muchos de nosotros hemos pasado lo mismo. Y después con la preocupación evidente por lo teatral, por lo que significa en general esta especie de confinamiento personal que al teatro no le favorece nada y sobre todo el miedo que le entra al público y a todo el mundo en general a la hora del encuentro, de la celebración, por cuestiones evidentes. La catástrofe natural sucede y no hay nada que hacer hasta que se encuentre la vacuna. Lo que creo es que hay que esforzarse con que la gente no fantasee con que el teatro es un lugar insalubre, con que debemos quedarnos en casa, porque hay que luchar por teatro con cabeza, con precaución sanitaria, pero creo que el teatro es sano.


 

Antes de volver al montaje en sí, no sé si ha pisado ya un teatro, un patio de butacas. ¿Cómo ha sido la experiencia, qué ha sentido?

Yo diría ‘nueva anormalidad’ (risas). No he visto ningún espectáculo como tal aún, he asistido a los Max y he estado en algún teatro ensayando. Cada vez que piso un teatro me siento bien, primero porque es mi casa y segundo porque el hecho de poder ir al teatro, poder asistir el otro día a la gala de los Max, a la celebración del teatro, me da mucha esperanza y creo que necesitamos ser valientes a la hora de afrontar con cabeza esta crisis y que no se pierda el tejido teatral tan valioso que hay en España y que se empiece a pensar con la cabeza, a diversificar los espacios, a que la gente pueda ir al teatro de una u otra manera.


 

Ha dicho alguna vez que para embarcarse en un texto necesita que le mueva y le conmueva y, sobre todo, que le guste. ¿Qué le mueve, le conmueve y le gusta de “El chico de la última fila?

La obra me gustó muchísimo. Por supuesto Juan Mayorga es amigo y colaborador de teatro desde hace muchísimos años. He dirigido muchos montajes con Juan, nos sentimos muy a gusto trabajando juntos y es un placer entregarse al misterio de lo que te propone. La obra me parece excepcional y es una obra que yo recomiendo mucho para cualquier tipo de público pero para ver un padre con un hijo o un grupo de profesores con un grupo de alumnos es especialmente interesante.


 

Para Andrés Lima, ¿qué es “El chico de la última fila”, cómo definiría esta obra, y a qué nos enfrenta?

“El chico…” es una obra llena de misterio, que trata sobre la educación, la educación de los profesores a los alumnos, la educación de los padres a los hijos, de las madres a los hijos, pero ahonda más allá, en el mundo de las relaciones, de las frustraciones y los deseos y sobre todo en el peligro y la conveniencia del arte. La obra está basada en la literatura sobre todo. Es un profesor de literatura y su relación con un alumno que empieza a mandarle redacciones que van más allá de lo real. Por eso me gusta tanto “El chico…” porque entra dentro de zonas muy oscuras de una manera muy luminosa. Aparte de ser un homenaje a la literatura universal increíble.


 

Allá por 2005 en La Abadía se reunieron la voz de Juan Mayorga, su obra, “Hamelin”, Andrés Lima, Alberto San Juan y Guillermo Toledo. Son la mitad de los que ahora ponen en escena “El chico de la última fila”. ¿Es un reencuentro entre amigos? ¿Qué recuerdos guardan de aquellos otros días?

Sí y entre profesionales también, entre artistas. Yo soy muy amigo de todos ellos pero todos nos hemos conocido haciendo teatro. La amistad ya es algo maravilloso, pero la admiración por el trabajo de cada uno es igual de patente. Falta Beatriz San Juan que también estaba en aquel encuentro, era la escenógrafa y vestuarista.

Es muy importante la libertad y la igualdad, pero la fraternidad es tan importante como las otras dos.


El elenco es de auténtica altura. Ni una pega, ¿no?

El resto del elenco es maravilloso. De hecho Pilar Castro está unida a Animalario desde el principio y he hecho varias obras con ella. Y Natalie Pinot también, ha trabajado conmigo, con Alberto, con Willy. En ese sentido estoy muy contento. Es un reparto que ya había completado en Barcelona con otros actores igualmente buenos y fue una experiencia fantástica. De aquel reparto quedan ‘el chico de la última fila’ y su amigo, y Guillem Barbosa, que son dos actores jóvenes extraordinarios.

Y después de nuevo otra vez el grupo con el que he trabajado desde Animalario, Beatriz San Juan y Jauma Manresa y se une gente de Barcelona como Marsali Cruz, Miriam C… y Ana Serrano… Es una paella Barcelona-Madrid muy interesante y muy rica (risas).


Si a Andrés Lima le digo Juan Mayorga, ¿qué me dice?

Lo primero que te digo es amor. Yo a Juan Mayorga lo quiero sinceramente. Después, creatividad. Me parece uno de los escritores más importantes de este país, incluyendo todo tipo de géneros. Después te digo inteligencia y además es una persona muy curiosa. Él no es un chico de la última fila, pero su cabeza funciona como la del chico de la última fila y es muy provocador a la hora de escribir. Y eso me encanta.


Dice que esta es, entre otras cosas, una obra sobre maestros y discípulos. Ahora que usted es un maestro, ¿quién fue el suyo cuando solo era un discípulo?

Mucha gente, entre ellos, todos estos porque mientras hemos hecho teatro juntos también han sido mis maestros. He de decir que hace nada ha fallecido Gerardo Vera, que fue un hombre que me ayudó muchísimo y al que le debo mucho. Yo me he formado en la Cuarta Pared, La Abadía bajo la tutela de José Luis Gómez, pero diría que sobre todo a mí me inspiró mucho el teatro que veía y que quería hacer, el Théâtre du Soleil con Ariane Mnouchkine, el Piccolo Teatro de Milán o las obras que he leído o los compañeros que he visto… Todo eso forma parte de la gente que me ha enseñado más. Y últimamente, desde hace muchos años, Frank Castorf y la Volksbühne eran un caso aparte.

He de hacer un homenaje a tres hombres: Pepe Estruch, Carlos Vives y Roberto Cerdá. Tres maestros teatrales para mí.  


Aparte del estreno de “El chico de la última fila”, ¿qué otros proyectos tiene entre manos Andrés Lima?

Las más inmediatas… Vengo de hacer un ensayo porque empieza la gira de “Shock 1: El condor y el puma”, un montaje que hicimos el año pasado en el CDN y a la vez sigo con un taller de investigación de preparación sobre la guerra de Irak y las catástrofes naturales que se estrenará llamándose “Shock 2: la tormenta y la guerra”, forma parte del díptico del ascenso del  neoliberalismo, de la trayectoria del neoliberalismo en el mundo.

Estoy con esas dos cosas y preparando para el futuro “El paraíso perdido”, una adaptación que he hecho con Elena Tornero para Focus para representar durante el Grec. Y hay también una pieza más de cámara, pero maravillosa, que estoy disfrutando muchísimo haciéndola, porque vamos trabajando de vez en cuando, que se estrenará por enero con Javier Gutiérrez, viejo amigo, que es “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, que es una adaptación de mi gran amigo Cavestany, otro de los grandes del siglo XXI, de cuentos de Raymond Carver. Dos parejas hablando de amor…

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