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Entrevista Juan Expósito - Especial formación sept 20

Publicado el 01 de Septiembre de 2020

Entrevista Juan Expósito - Especial formación sept 20

Obra: Escuela de Teatro Tarambana

 Los compañeros, la gente que trabaja en el lugar, el grupo… Eso es fundamental. No me gusta la bronca, el mal rollo, el grito… Creo que sólo desde el buen ambiente nace lo mejor de uno mismo. Creo que Tarambana tiene eso de sobra. 

 

Aparte de ser el motor de Tarambana, Juan Expósito es actor, director, dramaturgo… ¿Puede contarnos uno de sus primeros recuerdos que tengan que ver con este oficio?

Los motores, la verdad, son Nacho Bonacho y Eva Bedmar que crearon esto hace más de quince años y que son, no sólo el motor, sino también la gasolina de Tarambana. Son geniales. Así como los demás trabajadores de Tarambana que son maravillosos y especiales.

Por decir un primer recuerdo mío: es en Badajoz, de donde soy, en el parque de Castelar. Yo empecé de cuentacuentos en ferias y eventos hasta que me contrató la Concejalía de Cultura para contar cuentos en la Feria del Libro. Pensaba que iba a actuar en un rincón del parque a seis o siete niños pero al llegar vi que unos operarios grandísimos me pusieron un escenario colosal, un micrófono y unos bafles que me parecían monumentales. Yo sólo iba con un palo de atrezo, un sombrero y una camisa ridícula con unas puñetas que me cosió mi madre la noche antes. Pero vinieron cientos de personas (se presentaron, por sorpresa, mis padres, incluso). Los aplausos y las felicitaciones de después me emocionaron tanto que supe que me quería dedicar a esto. De eso hace 25 años. Y hasta aquí.


¿Por qué Tarambana decidió no ‘conformarse’ con ser un espacio de exhibición, por qué apostar por la formación y cuáles son las señas de identidad de esta escuela?

Tarambana tenía que tener, antes o después, un espacio de formación. Es un lugar emblemático en Carabanchel y en Madrid. La gente aprecia mucho el lugar, a Eva Bedmar y a Nacho Bonacho, a los que quiero y admiro, y a todos los que trabajan allí. Tener Escuela es algo que parece un paso natural para Tarambana. Con la Escuela nos encanta tener a gente que disfrute, aprenda y se prepare, a partes iguales. Que vivan la belleza del teatro en todos sus aspectos, que son múltiples y sorprendentes. Además, nuestras puertas de la Escuela están abiertas para todo tipo de niveles, nos da igual que sean profesionales, avanzados o principiantes… Quizá esa sea una de las características más particulares que tenemos. Queremos inyectar la misma pasión por el teatro que tenemos nosotros en las venas.


¿Hay diferencia entre un actor digamos autodidacta y un actor que se ha formado en una escuela de interpretación? ¿El público lo nota?

Por lo general, sí, se nota. No sé si de modo consciente o no para el espectador. Estoy totalmente a favor del autodidactismo, pero se debe considerar una excepción. Julio Verne, Mozart y Alfredo Landa eran autodidactas, por ejemplo, y son genios, pero es importante hacer ver a la gente que ser actriz o actor es una dedicación (profesional o no) que necesita aprendizaje, técnica, conocimiento y cultura. Conozco a actores y actrices estupendos que no han pasado por ninguna escuela, pero no es lo habitual. 


¿Qué herramientas diría que son imprescindibles para este oficio?

El juego, quizá, sea lo primero. La capacidad de jugar, de atreverse a hacer personajes y llegar a lugares diferentes de lo cotidiano sin juzgarse, como hacen los niños… Eso se aprende también, o se entrena. Jugar parece fácil pero es de las cosas más difíciles. Luego está la escucha y el entrenamiento de las emociones. Todos podemos llorar, sentir miedo o enfadarse, pero hay que saberlo llevar a un escenario para provocar cosas en el espectador y eso también hay que entrenarlo como si fuese el músculo de un atleta.

Por otro lado, creo que es sustancial algo que, a mi modo de ver, se está perdiendo: la cultura teatral e interpretativa. Me parece que es importante conocer y leer a Shakespeare, a Darío Fo o las obras de Miguel del Arco. Es muy valioso saber cómo actuaba Toshiro Mifune, por qué Daniel Day-Lewis es tan bueno o por qué nos gusta tanto José Luis López Vázquez. Cultivarse es para la actriz o el actor un cajón de herramientas interpretativas que hay que ofrecer. Puede parecer de gafapasta pedante pero esto no está reñido con el juego y el divertimento; todo lo contrario. Y sí, se puede hacer una magnífica interpretación sin tener ni idea de quién es Mifune… pero insisto en que da herramientas, abre campos y posibilidades.


Cuando uno toma la decisión de formarse, de ingresar en una escuela, de apostar por un curso, ¿qué ha de tener en cuenta a la hora de elegir uno u otro?

Como a esa pregunta nadie va a contestar que es porque el profesor es muy bueno, te contestaré que el ambiente. Los compañeros, la gente que trabaja en el lugar, el grupo… Eso es fundamental. No me gusta la bronca, el mal rollo, el grito… Creo que sólo desde el buen ambiente nace lo mejor de uno mismo. Creo que Tarambana tiene eso de sobra. Más que ninguno, creo.


¿Qué tienen que ver, a priori, en un alumno o en una alumna en el proceso de selección para apostar por él o por ella?

La actitud más que la aptitud. El talento no me dice demasiado de alguien (obviamente es conveniente, pero yo lo relativizo mucho). Tampoco es todo cuestión de trabajo, que también. Para mí es muy importante el compañerismo, el ir a favor de obra y de grupo y no a favor del reconocimiento personal. Para mí uno de los mejores actores del mundo es Ricardo Darín y en cada escena suya que veo me transmite humanidad y el deseo de que lo importante es el todo, no el exhibicionismo personal. Hay que entender que la obra es más importante que tú.


¿Cómo describiría la línea pedagógica de esta escuela, qué la diferencia de otras, cuál es el plan de trabajo y por qué tipo de cursos y profesionales apuesta?

Pues es difícil decir las líneas maestras de una escuela porque depende de muchos factores y de tus propias influencias básicas. A mí me parece que invitar al placer de meterse en un escenario, de abrirse en canal, de no juzgarse, de jugar, de divertirse, es fundamental… Obviamente se habla de Stanislavski, de Layton, de Lecoq y de Grotowski como se habla de Billy Wilder, de Berlanga o de los ZAZ… cultivarse es muy importante pero siempre desde la diversión.

No creo en la línea única para interpretar. No hay un tótem máximo. No hay una fórmula ni un maestro o maestra que todo lo sepa. Cada día la línea pedagógica cambia porque vamos cambiando continuamente. De repente, vemos dos o tres obras de teatro o dos o tres películas o libros… o conocemos a dos o tres personas que nos viran el rumbo del barco. Eso no significa que no tengamos líneas básicas muy claras, pero me parece inválido y arrogante pensar que la manera buena de hacer teatro es univoca.

Para nosotros, por ejemplo, es muy importante aspectos como la inclusión. En mis grupos tengo gente ciega, por ejemplo (que es maravilloso no porque sean ciegos sino porque ellos son maravillosos) y me han modificado mucho la manera de enseñar o dirigir. De repente, me dieron claves que hicieron que me sintiera un estúpido por no considerarlos antes. Eso es precioso.

Personalmente puedo poner, para trabajar una escena de Shaskespeare, la tarea de ver una película de Woody Allen, leer una escena de Sófocles o un ejemplo de Mortadelo y Filemón. La interpretación no es una ecuación de matemáticas… es algo que es insondable y, además, va cambiando con los tiempos. Una escena de los hermanos Quintero no se lee igual ahora que en su tiempo… ni tampoco Eurípides. Si cambia la vida cambia la concepción del teatro y, por tanto, la manera de interpretar. Estamos en continua evolución y el teatro lo debería de saber… Y todo esto que cuento es muy pedante, lo sé.

El método adecuado debe de estar en continuo proceso de cambio… Yo tengo mis axiomas fundamentales, pero de repente todo puede cambiar. Por eso me formo continuamente. Veo tanto cine y teatro, leo, observo, analizo y aprendo cada día y, creo, humildemente, que eso me hace ser cada día mejor profesor.


Cuéntenos brevemente qué cursos se imparten en octubre y los próximos meses.

Está El ladrón de patinetes, la escuela y compañía que tengo desde hace más de 15 años. Un lugar perfecto para aprender, crecer y sentir la pasión del teatro.

HORARIOS:

ADULTOS

MARTES: 20:00 – 22:30

JUEVES: 19:00 – 21:30

VIERNES: 11:00 – 13:00

INFANTIL:

MARTES: 16:30 – 18:00

ADOLESCENTES:

JUEVES: 17:00 – 18:30

Está la Escuela CIAM (Centro Inclusivo de Artes Múltiples) para gente discapacitada donde usamos, al igual que en con El ladrón de patinetes, el teatro como fin y como vehículo para expresarse, liberarse, aprender y disfrutar. Y crecer como persona.

HORARIOS:

MARTES: 18:00 – 20:0

También estamos muy ilusionados con los talleres que implantamos este año de musical e improvisación.

El Taller de los musicales lo imparte Eva María Cortés que es una cantante y actriz de musical que es, simplemente, maravillosa.

HORARIOS:

LUNES: 19:00 – 21:00

JUEVES: 11:00 - 13:00

y el de Improvisación lo imparte Sara Párbole, una actriz increíble… muy buena.

MIÉRCOLES: 19:00 - 22:00

Ambas son las maestras ideales para dar estos talleres. Tenemos mucha suerte con ellas. Un lujo.


Una última pregunta que tiene que ver con estos meses que hemos vivido de confinamiento… En el caso de que la situación volviese a repetirse, ¿cómo se encararía la formación, de qué forma los alumnos podrían continuar con los cursos que ofrece la Escuela de Teatro de Tarambana?

Pues como acabamos el año pasado, ya que tenemos la opción de clase on line. Además, en Tarambana, adoptamos las medidas de seguridad pertinentes para la vuelta a las clases presenciales. Ojalá acabe todo esto pronto. 

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