Si le digo “Himmelweg”, ¿qué es lo primero que le viene a la mente?
Lo primero que viene a mi cabeza es la imagen de Rebeca, la niña en cuya voz oímos, al final del espectáculo, una canción después de la cual se hará el silencio. Escribí “Himmelweg” para dar a oír ese silencio.
¿Qué recuerdos conforman su imaginario en torno a esta obra? ¿Qué le llevó a escribirla y cómo fue el proceso?
Escuché que un delegado de la Cruz Roja, después de hacer una visita oficial a la ciudad gueto de Terezin, conocida por los alemanes como Theresiendstadt, redactó un informe en que decía haber visto una ciudad normal. En realidad, lo que había visto era una mascarada: el lugar había sido embellecido y sus habitantes forzados a aparentar normalidad. Ese fue el punto de partida de “Himmelweg”. Poco a poco aparecieron en mi imaginación el director y los actores del engaño: el comandante alemán y los judíos obligados a interpretar una vida que les estaba siendo negada.
¿Por su gran proyección internacional, es quizás la obra que más alegrías le ha dado? ¿O eso es mucho decir?
Efectivamente, “Himmelweg” ha tenido más de treinta producciones profesionales en muy diversos lugares de Europa, América y Asia. Algunas de esas puestas en escena han sido, a mi juicio, pese a la dureza del asunto tratado, muy bellas.
¿En qué llaga mete el dedo esta vez, qué fantasma sobrevuela esta obra y cómo nos interpela a los espectadores del 2017?
Hay varios temas de la pieza que pueden interpelar al espectador contemporáneo. “Himmelweg” es una obra sobre la propaganda, sobre los eufemismos, sobre la manipulación de las víctimas, sobre la invisibilización del horror. Lamentablemente, estamos rodeados de todo eso. Y creo que hay una pregunta que cualquier espectador de “Himmelweg” puede hacerse: ¿qué parte de esta vida -de la que vivo y de la que me rodea- es sólo teatro?
Tiene en Madrid en cartel “El cartógrafo”, que también dirige, pero esta vez ese menester se lo ha dejado a otro. ¿Satisfecho con el trabajo de Raimon Molins? ¿Qué destacaría de este montaje?
Raimon Molins y su equipo han sido capaces de levantar un espectáculo hermoso, inteligente y compasivo. Para quien haya visto otros montajes de “Himmleweg”, quizá la mayor sorpresa sea la presencia de unos muñecos a los que los actores humanizan con extraordinaria delicadeza.
Tras “La lengua en pedazos”, “Reikiavik” y “El cartógrafo”, ¿ya se siente un poquito más director?
Como director me siento un aprendiz. Pero seguiré dirigiendo si cuento con actores tan generosos como los que me han acompañado en mis tres espectáculos.
¿Por qué escribe Juan Mayorga?
Porque soy feliz escribiendo y porque escribir me ayuda a vivir también cuando no escribo.
¿Cuándo comenzó a escribir su primera obra se imaginaba en este 2017 como uno de los grandes dramaturgos de nuestro teatro contemporáneo?
Ha habido pocos grandes dramaturgos, y yo no soy uno de ellos. Lo que sí es cierto es que algunas de mis obras provocan en directores y actores el deseo de hacer teatro, y que hay espectadores que quieren acompañarlos. Eso es mucho más de lo que soñaba cuando escribí “Siete hombres buenos”.
¿Qué le diría a aquel Juan Mayorga que ponía el punto y final a su primera obra el Juan Mayorga de hoy?
Lo primero que le diría es que ese punto y final no es el final de su trabajo. Después de poner el punto y final tendrá que ver la obra en escena ante los espectadores, y quizá entonces decida reescribirlo todo, desde la primera palabra.
¿Qué título de la literatura o de la dramaturgia universal le hubiera gustado escribir?
Muchos, de distintos géneros, épocas e idiomas. En nuestra lengua, el texto teatral que más admiro es “La vida es sueño”. Si hablamos de literatura en general, mi personaje favorito es el Quijote. Y me emociona cada línea de Teresa de Jesús.
¿En qué anda ahora Juan Mayorga? Otros proyectos…
Además de cuidar las primeras funciones de “El cartógrafo” y las últimas de “Reikiavik”, estoy escribiendo una nueva obra que titulo “El mago”. Por otro lado, trabajo en el libreto de una ópera basada en mi obra “La paz perpetua” cuya música está componiendo José Río Pareja, y en el guión de una película que va a dirigir Paula Ortiz a partir de mi pieza “El arte de la entrevista”.