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Entrevista a Laura Toledo por La voz dormida

Publicado el 30 de Noviembre de 2018

Entrevista a Laura Toledo por La voz dormida

Obra: La voz dormida

 Pepita tenía unos valores tan grandes y generosos que son de gran admiración. Ha cambiado mi forma de actuar, de ser

 Compartir nominación a un gran premio con, nada menos, Nuria Espert y Carmen Machi es “una gran felicidad. Yo adoro y admiro el trabajo de ambas y estar con ellas ya ha sido mi premio”.
Pero Laura Toledo, una de las actrices más prometedoras de nuestro país, y su interpretación de Pepita Patiño han conmocionado a cuantos han disfrutado de ella. Ahora, esta sevillana, que comenzó estudiando ballet y flamenco a la vez que entrenaba para campeonatos de natación, vuelve a enarbolar en Madrid la bandera de la dignidad y el coraje dando voz a un puñado de mujeres que en la posguerra española se enfrentaron a la humillación, la tortura y la muerte.

¿Cuál fue su primera aproximación a “La voz dormida”?

Leí la novela hace unos años antes del estreno de la película y me enamoró la historia. Estuve a las puertas para hacer la Pepita de la película y su historia me tocó hondo. Sentía la necesidad de hacer mi Pepita porque había algo en mí que necesitaba contar su historia. Yo a día de hoy necesito contar la historia de una mujer tan valiente como ella porque a mí me pone en un lugar que necesito como ser humano.


 

Para aquellos que no conocen la obra, ¿qué es “La voz dormida”?

"La voz dormida" es la historia de una cordobesa, Pepita Patiño, que se enamora de un guerrillero y que tiene que esperar más  de veinte años para casarse con él. Durante su espera hace cosas que ella no quiere, pero todo lo hace por amor. Ella no quiere saber nada de política, no entiende de bandos y solo quiere estar en Córdoba con su amor y vivir en paz como ella dice. Vive bajo el miedo, el hambre, la rabia, la impotencia pero lucha para sobrevivir y nunca se cansa porque tiene la fuerza de la vida y del amor. Fue torturada, utilizada pero nunca se rindió. 

Nosotros vamos tejiendo su historia para al final desmontarla y enterrarla. Hay mucha simbología en la función que llena al público de preguntas que hoy dia nos seguimos haciendo por la situación actual en la que vivimos.


 

El espectáculo ya estuvo en Madrid y ha sido aplaudido en un montón de plazas. Imagino que el balance es fantástico. ¿Cómo vive esta vuelta a Madrid?

La verdad ha sido una gran sorpresa la acogida que estamos teniendo. Desafortunadamente nos encontramos con personas que vienen y nos cuentan su historia porque han vivido muy de cerca el horror de la guerra. Incluso a las ciudades que hemos ido por Latinoamerica, el público nos decia que se sentian muy identificados con Pepita y es que su historia es universal. Pienso que la gente necesita conocer la historia de su país, independientemente del bando que sea, necesita conocer para que no vuelva a ocurrir porque afortunadamente no estamos como antes pero hay mucho que solucionar a dia de hoy. 


 

Háblenos un poquito del trabajo de Cayetana Cabezas en la adaptación y de Julián Fuentes en la dirección, ¿qué querían, qué buscaban y qué han logrado?

Cayetana Cabezas es puro talento. Una actriz dramaturga y mujer maravillosa que desborda generosidad y pasión. Su trabajo es excelente porque adaptar la maravillosa novela de Dulce y a forma de monólogo es algo para quitarse el sombrero. Ella hila muy fino y esto ha hecho que junto al trabajo de Julian la obra esté llena de sutileza, amor y simbología.

Trabajar con Julián Fuentes Reta ha sido un regalo, sobre todo por cómo él se ha entregado a la función desde lo personal y queriendo dejar su huella. Él tiene una sensibilidad especial que ha hecho que ambos seamos uno en la investigación y tejamos esta historia para llevarla al presente. Es un genio y está lleno de creatividad y amor.


Usted interpreta a Pepita Patiño, un personaje que fue una mujer real. Cuéntenos quién es y cómo es, cómo la definiría.

Pepita es una mujer luchadora, valiente que se aferra a la vida a pesar del miedo que la caracteriza pero nunca se rinde. Es la única superviviente de su familia y es la fuerza del amor, la que le impulsa a tener el coraje y valentía para aguantar y no rendirse. Pepita en nuestra función es como una araña que va tejiendo su propia historia.


Si le pido una frase de Pepita, la más conmovedora, la más dura, la que más le gusta, ¿cuál nos regalaría? 

Es dificil elegir pero me quedaría con estas:

“¡Los nuestros, los nuestros! ¿Y yo de quien soy si se puede saber? Yo soy de los demás y los demás estamos cansados...”.

“Ya nunca más tendremos la voz dormida al lado de la boca, hermana. La voz que nunca quiso decir que todos habian muerto ha despertado. Mi obligación era sobrevivir para contarlo y ahora necesito contarlo para sobrevivir... al silencio, a la locura, a un presente que necesita vestirse de futuro”.


Esta interpretación le ha valido una nominación al Premio Teatro Rojas a  mejor actriz. ¿Cómo vivió compartir aquel momento con dos bestias escénicas como Nuria Espert y Carmen Machi, qué significó para usted?

Ha sido una gran felicidad. Yo adoro y admiro el trabajo de Carmen Machi y Nuria Espert y estar con ellas ya ha sido mi premio. Sobretodo me hizo muchísima ilusión por ser por mi trabajo en esta función que tanto me he entregado y tanto me ha regalado Pepita. 


Comparte escenario ahora con Ángel Gotor, ¿cuál es su papel?

Él representa la condición masculina que consideramos necesaria. Su presencia es muy impactante y yo le siento en cada momento. Él es un actor muy generoso y a pesar de no tener diálogo, es muy necesaria su presencia en la funcion porque está lleno de simbología. 


Decíamos que da voz a Pepita Patiño y con ella a todo un batallón de mujeres que en la posguerra española, habiendo perdido una guerra, tuvieron que enfrentarse a cosas muy duras… ¿Cómo qué, cómo era la vida de aquellas mujeres?

Las mujeres vivieron bajo la soledad con el único propósito de sacar a su familia adelante y sobrevivir porque sus maridos o estaban en la cárcel o habian muerto en la guerra. 

La mujer en la posguerra dio un paso atrás respecto a sus derechos. El papel que se les destinó les obligaron a callar, a vivir bajo el silencio del vencido y bajo el silencio del género sometido. Y esto es algo de lo que hablamos en la función porque esto no puede seguir ocurriendo.

 


¿Qué debemos aprender o qué no debemos olvidar las mujeres de hoy de aquellas? 

Pienso que hay algo que hoy día hemos perdido y haría mucho bien recuperar, ya no solo la mujer sino el ser humano en sí, y son los valores, los valores esenciales, la honestidad, el respeto, la humildad, la gratitud, la sensibilidad.. porque el mundo de hoy camina muy rapido y le damos valor a la superficialidad.

Tampoco debemos olvidar que la mujer en la guerra era valiente, luchaba, no se rendía y la de hoy es tambien así pero con la sabiduria y el conocimiento de aprender de los errores de antes.

 


Cuando una se mete en un papel como este, en medio de una época como esta mientras ve por la TV en todos los informativos el revuelo que se ha montado en torno a la exhumación y traslado de los restos de Franco, ¿cómo se le queda el cuerpo, está más sensibilizada o cree que deberíamos mirar hacia delante?

Como diria Pepita Patiño, yo soy de los demás, ni de unos ni de otros, no entiendo de banderas pero lo que ocurrió en España fue algo horrible y los españoles se llenaron de ira, de violencia, odio y eso no se puede permitir entre hermanos. Que toda persona que haga un mal reciba honores me parece algo incomprensible  ya sea de un bando o de otro. Yo no viví lo terrible de la guerra pero no quiero que me inculquen que hubo buenos y malos, prefiero vivir bajo el perdón ( sin olvidar y aprendiendo de ello para que no se vuelva a repetir) para poder seguir viviendo y cerrar la herida como bien decia también Pepita Patiño y considero que hay que soltar el arma de guerra y convertirnos en ciudadanos generosos y pacificos pero aqui no hay héroes, los verdaderos heroes fueron los que lucharon por sobrevivir. 


Cuando pasen, no sé, veinte años, ¿qué cree que recordará de este trabajo, de esta Pepita, que se llevará de ella para siempre?

De este trabajo ya me llevo el aprendizaje y mi evolución como ser humano. Pepita tenia unos valores tan grandes y generosos que son de una gran admiración. Su entrega incansable, su alma generosa, su paciencia, su inocencia, su intuición, sus ganas de vivir y de amar, su respeto y sobretodo su amor. A mí Pepita me ha cambiado mi forma de actuar, de ser.


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Estoy embarcada en un proyecto teatral llena de mujeres valientes y emprendedoras con ganas de contar historias reales, de contar verdades y cuando salga a la luz va a ser una explosión, no tengo ninguna duda.

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