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Entrevista a Carlota Gaviño e Íñigo Rodríguez-Claro por Especial formación 2021

Publicado el 01 de Enero de 2021

Entrevista a Carlota Gaviño e Íñigo Rodríguez-Claro por Especial formación 2021

Obra: Especial formación - Escuela Nave 73

 

 No son solo profesores, son profesionales, actores y actrices, directores, gestores... que saben mejor que nadie cómo es el oficio. Cómo es de duro y también de bello. Muchos son, además de docentes, exalumnos e, incluso, fundadores de los centros en los que ahora no solo imparten clase, sino que se dejan la piel, el alma y el corazón para acompañar y guiar a sus alumnos, para legarles, desde la más absoluta generosidad y entrega, todos sus conocimientos y guiarles en este camino hasta cumplir su sueño de convertirse en una pieza más de este maravilloso mundo de las artes escénicas. Hemos charlado con Natalia Ortega e Íñigo Asiain Antón, Paula Soldevila, Carlota Gaviño e Íñigo Rodríguez-Claro, Victoria Ríos, Victoria Di Pace, Marisa Etxarri y Manuel Lagos.
ESCUELA NAVE 73
La compañía Grumelot, dedicada a la producción, investigación y formación, es la encargada de dirigir los cursos del proyecto formativo de interpretación de esta escuela. 
 

¿Cómo surge esta simbiosis entre Nave 73 y Grumelot?       

Bueno, como toda historia (de amor) esta tiene un principio. En 2013 Nave73 estaba iniciando su andadura, inaugurando su maravilloso espacio, abriendo programación, etc. y el proyecto de formación de grumelot estaba en un momento de expansión (veníamos de desarrollar nuestra actividad como compañía y como escuela en un local en Carabanchel; hablando claro, veníamos de la guerrilla de garaje, pura y dura).

Necesitábamos un espacio más amplio, para poder acoger una formación, por la demanda en aquel momento, con más alumnos, rodeados de más medios a todos los niveles, con más visibilidad y con mejores condiciones. Conocíamos a Álvaro Moreno por haber coincidido con él en la Resad. Hablamos, le explicamos el proyecto pedagógico que veníamos desarrollando desde hacía ya unos años y enseguida hubo un feeling especial. Nos encantaba el concepto que ellos tenían para la gestión de su espacio: su filosofía, su equipo.

Su línea de programación dialogaba muy bien con nuestra línea de formación: el respeto por los clásicos, la búsqueda de propuestas acorde a los tiempos que corrían (llamémoslo teatro contemporáneo; aunque contemporáneo es todo lo que sucede en Madrid y, a menudo, no por ello convive con la realidad sino más bien con la arqueología), el apoyo a compañías y creadores jóvenes.

Luego vendrían ClásicOff, Iguales, Imparables, Surge. Pero todas esas apuestas que fueron fraguándose con el paso de los años tuvieron su semilla en el impulso de su apertura. La apuesta de Nave73 siempre ha sido clara: apoyar a los nuevos creadores, sean actores, directores, dramaturgos, escenógrafos, músicos… etc. Solo hay que revisar el plantel de nombres que han pasado por allí. A día de hoy una gran parte de esa nómina está en primera línea del teatro (y del audiovisual) en España. Nos parecía un lugar excelente para acoger a nuestros alumnos y darle valor al concepto que nosotros teníamos sobre la ética de trabajo, precisamente por estas arropados por las bases del propio teatro en el que nos alojábamos.


¿Cuál es la filosofía general que sobrevuela cualquier actividad, sea la que sea, en la Escuela Nave 73, cuál es su espíritu y su línea pedagógica?

Con el paso de los años hemos llegado a la conclusión – siempre cambiante y flexible – de que una de nuestras líneas pedagógicas tiene que ver con algo que aprendimos de una de nuestras maestras más queridas, Brigid Panet, y lo que ella nombra con cuatro palabras de forma muy sencilla: “pedagogía de la confianza”.

¿Qué es esto, básicamente? Pensar la pedagogía como un canal para crear un contexto de trabajo donde la base de todo es la confianza. La confianza en el alumno, la confianza en el grupo, la confianza en la naturaleza propia del hecho teatral: compartir(se) en un espacio común. Y creemos que la forma sana, lúdica y placentera de trabajar es a través de la confianza. La creatividad o el estado creativo solo puede surgir desde una atmósfera de trabajo saludable y amorosa. En su más amplio sentido. Y desde ese placer, de forma orgánica, puede surgir una disciplina rigurosa, metódica y profunda.

Nosotros como alumnos sufrimos, a menudo, y digo sufrimos con plena conciencia, muchas sacudidas pedagógicas. Desde el miedo, la tensión, el agravio comparativo y la falsa idea de que el alumno debe quemar varias etapas para poder “actuar” o “crear” algo, para así “llegar” a un supuesto lugar al que había que llegar por las adquiriendo capacidades. Algo que tenía que ver con el virtuosismo, la técnica o los conocimientos. Para nosotros esto es un mito tan falso como el mito del artista romántico. Del que se infiere que solo a través del dolor y el sacrificio se pueden destilar los más elevados resultados artísticos, o acariciar el concepto de belleza. Para nosotros el alumno es un artista desde el primer día que entra en el espacio de trabajo.

Nosotros podemos guiarle, dotarle de herramientas y darle un acceso a ciertos conocimientos o experiencias que tenemos por el simple hecho de haber experimentado el contacto con el hecho teatral durante más tiempo. Solo por eso. Pero es una labor esencial respetar sus ideas, su mirada personal y su singularidad. Nos hemos encontrado infinidad de joyas a lo largo de los años por el mero hecho de dejar espacio al alumnado. Las alumnas y alumnos desde nuestro punto de vista no necesitan gurús de los que depender, que legitimen si lo que hacen está bien o mal, necesitan alguien que les guíe, que comparta una panóramica poliédrica de posibilidades y que les ayude a creer en su voz de forma radical. Ese podría ser el cometido de un buen pedagogo desde nuestro punto de vista: que cada artista encuentre su propia mirada y su propia voz.

En este sentido hay varias líneas de trabajo en la escuela: la formación más tradicional que trata de formar a las alumnas y alumnos con herramientas técnicas concretas para asumir con solvencia el trabajo profesional pero que al mismo tiempo pone el acento de forma contundente en el teatro de creación. Buscando liberar el estado creativo y poniéndo al intérprete en el centro del acto creador. Para nosotros son igual de esenciales las herramientas técnicas que tienen que ver con el análisis del teatro textual como las herramientas de devising o teatro de creación. Ambas perspectivas amplían la mirada y la capacidad de alumnas y alumnos para enfrentar cualquier tipo de estilo, medio, dramaturgia, propuesta, personaje, etc.


¿Cómo se enseña teatro? ¿Desde qué premisas se parte?

Se podría responder de muchas maneras a esto. Recuerdo una cita maravillosa de Chillida: “Me interesa el proceso que siguen las cosas todas para pasar de un estado a otro. Crecimiento, evolución, desarrollo, etc. En general, todos los procesos en los cuales uno de los actores es el tiempo. Los resultados parciales no me interesan en sí, sino en función de la relaciones entre ellos.” No sé si el teatro “se enseña”. Tal vez se enseña a vivir en el teatro. Y la premisa, tal vez, es que necesita tiempo. Y, al mismo tiempo, es importante no esperar a que las cosas estén en un lugar para acometerlas. Arrojarse al vacío. Hacer teatro es un acto de fe en todos los sentidos. Lo único que creo que es esencial para hacer teatro es el deseo de hacer teatro, de estar en una sala de ensayo, en un aula o en un teatro. Y ese deseo, creemos, es esencial que nazca del placer de estar ahí. Y ese placer hace que no te plantees estar en otro lugar. Como dice Nina en La gaviota: “Cuando pienso en mi vocación no temo a la vida”. Literal.


¿Cuáles son los objetivos de GrumelotFormación que se ponen en práctica en la Escuela Nave 73?

Desde un punto de vista técnico depende de si abordamos el Primer Año o o el Segundo Año. El primer año tratamos de comprender la naturaleza de la acción dramática, entrenar la capacidad de poner en marcha un conflicto persiguiendo un objetivo. Es un año muy vinculado al análisis activo, a la escucha y a incorporar de forma orgánica el texto dramático con toda la complejidad que eso implica. Al mismo tiempo, y casi en paralelo, desarrollamos la capacidad creativa de los alumnos poniéndolos en el centro del acto creador: generando materiales y piezas propias.

La investigación es una parte fundamental de los procesos creativos. Desde dentro y desde fuera del hecho escénico. Y si el primer año está más enfocado al teatro dramático, en el segundo año ponemos el foco en el teatro posdramático y en una herramienta que nos parece básica para cualquier intérprete que es el verso clásico español. Como dice Benjamin, hablando del Barroco, el verso nos interesa como «apoteosis de contrarios». En la escuela tenemos una gran inclinación a juntar cosas heterogéneas.

Abordamos materiales contemporáneos con una mirada clásica, y materiales clásicos con una mirada contemporánea. Poniendo el foco de forma mucho más directa en la figura del actor-creador. Actores y actrices que actúan, pero que también tienen puesta su mirada en la dramaturgia, la dirección, la iluminación, la plástica, el espacio sonoro, las videoproyecciones, etc. Una mirada más amplia del hecho escénico. Creo que la esencia de la escuela es que es una escuela de creación. 


¿Qué implicación -en todos los sentidos, desde los más prácticos a los más elevados- requiere del alumno esta escuela?

Creo que más allá de las cuestiones pedagógicas hay una labor con la ética profesional que para nosotros es vital. Fomentamos un tipo de implicación que tiene que ver con las atmósferas de trabajo en las que nos gusta convivir a nosotros cuando trabajamos. Para ello las alumnas y alumnos deben estar volcados en el trabajo. Y en el grupo. El aprendizaje tiene mucho que ver con la convivencia. En cómo convivimos en la sociedad y el teatro. Citando al maestro Mayorga: “Siguiendo al dramaturgo francés Enzo Cormann, pienso el teatro como una asamblea en que unos seres humanos, los actores, se separan de otros, los espectadores, para frente a ellos, representar ficciones que permitan examinar posibilidades de la vida humana.” 

¿Cómo planteamos el trabajo en esa asamblea? Hay un objetivo que para nosotros es esencial: desarrollar la capacidad de cooperar en el contexto de un equipo multidisciplinar, y también fomentar la expresión y la creación personal, integrando los conocimientos teóricos, técnicos y prácticos; mostrando honestidad, responsabilidad y generosidad en el proceso creativo; asumiendo el riesgo, tolerando el fracaso y valorando de manera equilibrada el éxito social.


Una vez que salen de la escuela, ¿qué pasa con los alumnos? ¿Se hace un seguimiento, tienen oportunidad de trabajar en la sala?

Tratamos de seguir, en la medida en que podemos (ya son muchos años, muchos alumnos), a todos nuestros alumnos. Y nos encanta celebrar sus éxitos, sus trabajos, sus estrenos, sus giras y sus proyectos personales. Con muchas de ellas y ellos hemos colaborado una vez que han sido egresados. De forma bastante inmediata además.

Después de compartir una manera de entender el trabajo durante dos años, siempre que tenemos ocasión, nos gusta trabajar con alumnos y alumnas. Son artistas con muchísimo talento y somos especialmente proclives a darles oportunidades a los artistas jóvenes. Debería estar en nuestro manifiesto. Siempre que podemos decimos en voz alta que no hace falta que pasen diez años de tu carrera para que alguien considere que “te has ganado” estar ahí, sea donde sea. Para nosotros es importantísimo ver a nuestros alumnos activos y siempre que tenemos ocasión nos gusta verlos o colaborar con ellos y ellas. La juventud es el futuro. Radicalmente. Y todas estas personas maravillosas necesitan espacios para desarrollarse como artistas.

Otra cosa maravillosa que ocurre con el tipo de formación que desarrollamos en Nave73 es que los alumnos son lo que ya hemos definido como actores-creadores. Hemos visto a alumnas trabajar en instituciones públicas, en compañías privadas, en festivales, en audiovisual, pero nos hace especial ilusión verlas desarrollando proyectos propios. Y no solo como actores y actrices sino como dramaturgos, directoras, artistas plásticos, músicos… viendo cómo han desarrollado todo su potencial. Que quien entra con una idea sobre lo que es el teatro y la interpretación encuentre lugares nuevos dentro de su vocación como la danza, la escritura o la investigación es para nosotros un orgullo inmenso.


¿Qué consejo le darían a alguien que está buscando formarse, ¿qué ha de tener en cuenta a la hora de elegir una u otra escuela?

Esto de dar consejos en el ámbito artístico… es complejo. Cada artista tiene un pasado que es radicalmente distinto al de culquier otro. Cada artista encuentra referentes diversos en su trayectoria formativa o profesional y cada artista aspira a ser o necesita cosas diferentes. Creo que si hay un denominador común es el placer. Haz aquello que te dé placer. Lee lo que te dé placer, ve lo que te dé placer, disfruta de la belleza, respeta absolutamente todos tus referentes, desde el más vanal al más sofisticado o culto. Creo que para elegir una escuela es una buena opción pensar “¿qué tipo de carrera me gustaría tener?”.

El problema con esto es que, a menudo, con las edades en las que uno empieza a formarse tu mundo de referentes es más limitado. Creo que debes informarte bien sobre el tipo de escuela al que vas a acceder: su metodología, sus contenidos, su profesorado, el número de alumnos por clase, las instalaciones, etc. Emprender una búsqueda objetiva para empezar y, a posteriori, permitirse una búsqueda que tenga que ver con el pálpito, con tu intuición, con sentir que la escuela tiene que ver contigo. Después de hacer muchas entrevistas a muchos alumnos, creo, que, en el fondo de su corazón, de una manera imprecisa y caótica, los alumnos saben lo que buscan.

En Madrid, por ejemplo, hay claramente perfiles definidos de escuelas: están las escuelas vinculadas a una manera o un solo método de enfrentar el trabajo (en ocasiones vinculadas a un maestro), hay otras escuelas más heterogéneas, panorámicas y diversas en sus metodologías pedagógicas, hay escuelas más físicas o vinculadas al gesto, escuelas orientadas al audiovisual o escuelas orientadas a la creación y a la multiplicidad de miradas o visiones, como podría ser la nuestra.


¿Qué pasa cuando se tiene mucha vocación, se ponen muchas ganas, mucho esfuerzo y mucha ilusión, pero uno no sirve? ¿Eso pasa?

Esta es una cuestión que tal vez merece una reflexión profunda respecto al modelo de las escuelas. Y respecto a cómo funcionan a nivel administrativo, económico o artístico. Una escuela para sostenerse, por supuesto, necesita una nómina de alumnos mínima. En este sentido es bien sabido que en muchas escuelas hay clases de 20/25 alumnos el primer año y en su tercer año acaban 8/10 alumnos. ¿Esto quiere decir que ese 50% del alumnado no sirve? Radicalmente no. ¿Quiere decir que los alumnos que no entran en las escuelas oficiales (con una media de ingreso que oscila entre el 15/25%) no sirven? Radicalmente no. Estas estadísticas a veces revelan una realidad más compleja.

La pedagogía teatral como decíamos antes necesita de tiempo. No solo de tiempo a lo largo de los años, sino de dedicación a cada persona. Dedicación plena del alumnado y del profesorado. Las motivaciones o razones de esa cantidad ingente de alumnos que no acaban su proceso en algunas escuelas no se debe ni a su talento ni a su capacidad. Dice Valle-Inclán que “la ciencia de las escuelas es vana, crasa y difusa como todo aquello que puede ser cifrado en voces y puesto en escrituras” y que “el más sutil enlace de palabras es como un camino de orugas que se desenvuelven ateridas bajo un rayo de sol.”

¿Quiere decir esto que las escuelas de teatro no son necesaria? En absoluto. Pero toda enseñanza vinculada a lo artístico es, a menudo, un misterio. Son personas trabajando con personas. Trabajando con su vulnerabilidad, con sus creencias, con sus cuerpos, con sus emociones y con sus certezas. A veces, como en el amor, para cultivar la relación profesor-alumno hay que pensar en propiciar el encuentro. Y hay elementos objetivos que ayudan a esto: la dedicación y la confianza son dos elementos fundamentales. Más allá de la capacidad institucional de un centro, de su prestigio o de su número de matrículas.

En nuestra escuela, por ejemplo, hay un solo grupo de primero y un solo grupo de segundo, con un límite de 14 alumnos por grupo. Es nuestra política, pero tampoco es perfecta. Es la estructura que nosotros hemos encontrado y que pensamos es afín a nuestra visión pedagógica. Desde luego hay más cosas más allá de las lógicas administrativas, empresariales e institucionales. Hay más cosas más allá de las verdades supuestamente objetivas sobre lo que significa actuar. Y cada alumno es un misterio. Un mundo por descubrir que a veces obliga a reinventar metodologías, herramientas y maneras de relacionarse.

También es un misterio, más complejo aún si cabe, que unas personas dediquen su vida entera al teatro o a la creación audiovisual y otras decidan en un momento dado que ese camino no es para ellos. Y, por supuesto, es un misterio que escapa a todo control que tu trabajo tenga lo que percibimos como "éxito". Para nosotros lo fundamental es, una vez más, que el trabajo responda al placer. Entonces, para nosotros, la cuestión no es tanto "servir" o no, sino desear hacer y obtener placer de este trabajo.

Y ya que citamos a Chillida, podemos acabar con otra cita: "¿No serán honradas todas las preguntas, incluso aquellas dirigidas hacia lo que creemos conocer?"

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