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Entrevista a Miquel Ortega, compositor

Publicado el 01 de Noviembre de 2018

Entrevista a Miquel Ortega, compositor

Obra: La casa de Bernarda Alba

“Siempre he sentido una gran admiración por Lorca. Su texto es muy musical y eso es fantástico”

 

 Óperas, zarzuelas, música sinfónica, Gardel, Machín, Los Panchos, The Beatles... En casa de Miquel Ortega la música era un miembro más. Así que él creció al son de las notas de aquellos a los que sus padres y hermanos escuchaban hasta que llegó “El gran Caruso”. “Me despertó una pasión tremenda”, nos cuenta. Tanto que a base de cantar aquel disco que suplicó a su madre sus propios vecinos le instaron a llevarle al conservatorio. Pianista, cantante, compositor –“y mago”, dice entre risas–, Ortega es uno de nuestros compositores más respetados y uno de los más solicitados por figuras como José Carreras, Montserrat Caballé o Carlos Álvarez.
 

¿Qué une a Miquel Ortega con Lorca y “La casa de Bernarda Alba”?

A mí me une una gran admiración por Lorca desde muy jovencito y “La casa de Bernarda Alba” es una obra que leí en mi adolescencia y durante años estaba pensando en la posibilidad de escribir una ópera y se lo pedí a mi libretista de entonces, Julio Ramos, y en 1991 empezamos este trabajo.


Usted ha dicho en alguna ocasión: “Las palabras siempre ‘me cantan’”. Si eso siempre es así, con Lorca ha debido escuchar todo un concierto, ¿no? ¿Y cómo suena, cómo le canta Bernarda Alba?

Os digo la verdad. Es cierto absolutamente. Cuando leía los poemas de Lorca, he musicado 16 de ellos, siempre ha sido casi una especie de dictado en cuanto empiezo a leer el texto.

Con “Bernarda” el texto es muy complejo en muchos aspectos y por supuesto la música no puede ser siempre igual de melódica que lo es en las canciones. Sí lo es en muchos momentos, Lorca tiene los momentos de remanso lírico, pero los momentos dramáticos son muy dramáticos.

Yo creo que esta Bernarda es una obra que llega muy directamente al público, porque ya se comprobó en el estreno en 2009, pero había habido un estreno previo en Rumanía en 2007. Y la verdad es que tanto en Rumanía como aquí en España se acogió muy bien, esta vez es cierto que es también estreno, pero de la versión camerística, que fue mi primera idea.

Eso es lo que me gusta retomar, yo la empecé a escribir para orquesta de cámara, pensando un poco en la intimidad y, también vamos a hablar en términos prácticos, en la posibilidad de moverlo más con menos instrumentos. Pero cuando se decidió hacer en 2007 en Rumanía me dijeron que se podía hacer con orquesta sinfónica, porque era un teatro que disponía de orquesta sinfónica, y lo hicimos.

Aquí se dispone de orquesta sinfónica, pero la idea parte de Rubén Fernández Aguirre, que me pide si le puedo hacer una versión para que él la dirija desde el piano y luego también hay algo, que le interesa ese color más íntimo y es el que me anima a retomar la versión primitiva, la que yo pensé en un principio.


Lorca amaba la música, estaba bien dotado para la música y eso lo traslada a sus versos, a sus textos… ¿Eso ayuda al compositor?

La verdad es que ayuda muchísimo porque uno siente la música íntimamente. Lorca era muy buen músico, él tocaba muy bien el piano, por suerte tenemos documentos en los que le escuchamos a él tocando el piano y vemos que tenía una gran sensibilidad. Y luego su texto es muy musical, incluso en los momentos más prosaicos, en el buen sentido, cuando usa más la prosa, él siempre tiene esa música dentro. Eso es fantástico.


No siempre se tiene la oportunidad y el privilegio de hablar con el compositor de una ópera. Así que nadie mejor que usted para darnos unas pinceladas de esta pieza...
Háblenos de ella, cómo es la música, qué ha querido transmitir... Cuéntenos todo eso que le hubiera gustado a usted que le contase el compositor de su pieza favorita J

Lo que es mi música, sobre todo en Bernarda… Yo soy un músico de los que hoy en día nos llaman neotonales… Bueno, nos han puesto tantas etiquetas, que yo no sé cuál… me parecen bien todas y no estoy de acuerdo con ninguna (risas). Yo uso la tonalidad continuamente, pero también uso la pantonalidad, uso la atonalidad en algunos momentos… Lo que pasa es que la gente conoce cuatro de mis canciones, que son absolutamente tonales, y creen que todo es así.

Pero lo que sí llevo hasta las últimas consecuencias, incluso en Bernarda, que es una obra que ya tiente años, es un poco la premisa que decía Leonard Bernstein, yo soy un gran admirador suyo como director de orquesta y como compositor, él decía que tú puedes hacer cualquier tipo de música, puedes usar la tonalidad clásica, la atonalidad más moderna, con moderna nos entendemos que es de finales del XIX hacia delante (risas)… pero tiene que haber algo que nos ate a la naturaleza. Y la música tiene unas leyes naturales, la armonía… todo eso.

Si nosotros nos apartamos tiene que haber como una especie de centro de gravedad que nos lleve de nuevo a eso. Es difícil de explicar con palabras, pero el músico lo capta. Es lo que me pasó a mí, lo creía ya de modo casi consciente y de ello he hecho la premisa de mi música, de una música que el público la pueda entender. Sin rebajarme a decir ‘voy a hacer algo facilón para el público’, no se trata de eso, porque el público es inteligente… Estoy hablando de mi concepción de la música y de lo que yo creo que tengo que hacer. 

Al final es ese tipo de música que para poner alguna referencia podría ser el tipo de música que en el siglo XX estuvieron haciendo compositores como el propio Berstein, como los franceses Poulenc, Milhaud, los rusos Prokófiev, Shostakóvich, que me encantan, luego músicos que estuvieron a caballo entre la música clásica y la música más ligera, como Kurt Weill, que me apasiona…

Todo ese tipo de música dejó una especie de senda por la que para mi gusto había que continuar,  más que por la senda de la música tan abstracta que muchas veces ha producido, con todos mis respetos, un divorcio con el público y al final yo siempre he pensado que el artista no tiene que trabajar sólo para él, yo creo que tiene que trabajar para el público con sus convicciones, evidentemente no todo puede gustar a todo el mundo, pero sí que hay que poner la mira en el público, en que una gran parte del público por lo menos pueda captar ese mensaje, que al final para eso está el artista, para mandar un mensaje y que el público lo reciba.


¿De dónde le viene su pasión por la música? ¿Desde pequeño? ¿Algún recuerdo de su infancia relacionado con la música, sus padres, qué escuchaba?

Muy fácil (risas). En mi casa mis padres escuchaban todo tipo de música. Tenía dos hermanos mayores y ponían mucha música ligera, pero de la que yo considero de mucha calidad. Yo tuve esa suerte. Mi madre ponía óperas, ponía zarzuelas, de vez en cuando oía música sinfónica, que a mí me gusta mucho, la empecé a descubrir más con un programa de televisión, “El mundo de la música”, que no me lo perdía, venía corriendo del colegio a verlo. Mi padre le gustaba mucho Carlos Gardel, Antonio Machín… Mi hermana ponía continuamente Los Panchos, mi hermano The Beatles…

Siendo un niño a mí me iba impregnando todo eso. Encontraba gusto en cualquiera de ellos. A la edad de diez años fuimos a ver con mi madre la película “El gran Caruso” y aquello me despertó una pasión tremenda, le pedía  mi madre que por favor me comprara el disco y a partir de ese momento los propios vecinos que me escuchaban darles la tabarra todo el día, pero no se quejaban (risas), les dieron el consejo a mis padres: “ a este niño lo tenéis que llevar al conservatorio”. Y yo cuando oí eso era yo el que insistía y ya con 11 años me llevaron por la insistencia de los vecinos y mía (risas).


“El gran Caruso”, el conservatorio, pianista, compositor, director de orquesta, creo que incluso ha cantado…

Y mago (risas). Esa es otra de mis pasiones desde pequeño y la continúo practicando (risas). La verdad es que sí, yo digo que lo de haber empezado cantando y haber podido hacer algún rol cuando era muy joven en óperas me ha servido muchísimo tanto para mi faceta como compositor, he estudiado óperas de todo tipo y eso quieras que no te va dando un bagaje de conocer el medio operístico, y luego sobre todo a la hora de dirigir, he dirigido muchísima ópera y el haber podido pisar un escenario como cantante ha sido para mí una experiencia impagable.


Nos decía Ainhoa Arteta que lo fundamental a la hora de comenzar un nuevo trabajo es plasmar lo que ha escrito el compositor. ¿Cuál es el mayor reto al que se enfrenta un compositor?

Ese precisamente, el dejar plasmado de la forma más clara posible tus ideas porque nunca las podemos captar exactamente como son, por muy precisas que sean, pero también esa es la gracia.

Yo estos días estoy disfrutando mucho de poder ayudar un poquito, porque han querido tenerme en los ensayos, estoy muy feliz de que quieran contar con mi opinión personal, aparte de lo que he dejado en la partitura. Pero también les digo que esto yo lo siento así, pero que tiene que haber un margen para la fantasía del intérprete porque si no sería muy aburrida la música.

Yo no entiendo comprarme un disco de una sinfonía de Beethoven y oír siempre esa versión de tal director, me gusta ver cómo lo ha hecho otro director. Que normalmente siempre del modo más fiel posible ha intentado reflejar las ideas de Beethoven. Pero tiene que haber un margen de diferencia que se da por la personalidad de cada intérprete y esa es la riqueza.

El reto es hacerse entender pero que luego la gente pueda tener también ese margen, esa chispa que haga que la música no sea igual cada día.


Cuando hablamos de danza y de teatro muchas veces surge el debate en torno a su papel en la educación. Hagamos lo mismo con la música. ¿Cómo valora la educación musical en España?

Por lo que estoy viendo no la puedo valorar excesivamente bien. Este país es un país de individualidades, para algunas cosas está muy bien y para otras es una pena. Yo lo que veo es que hay profesores que de motu propio lo hacen muy bien, pero luego el sistema educativo en general es el que les coarta.

He hablado con muchos profesores, sobre todo con gente a la que admiro, por ejemplo el profesor de violín de mi hijo, que es un violinista excelente, Santiago de la Riva, yo lo he tenido bajo mi dirección como solista y como concertino en orquesta y él muchas veces lo comenta. Dice ‘yo quiero hacer una cosa, pero el sistema educativo no me deja porque tú tienes que cubrir un programa’. Él, y como él hay tantos, cuando puede lo que hace es decir yo de motu propio hago esto, pero tengo que cubirr un programa y ahí es donde yo creo que se podría mejorar. Y se podría mejorar de una forma muy sencilla, escuchando a los músicos.

Muchos de ellos han ido a hablar con las instituciones, pero no se les hace caso y hay que hacer caso al profesional. Ahí creo que podríamos mejorar simplemente escuchando a los músicos.

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